¿Hemos aprendido a pensar en gracia?

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mente-de-graciaUn artículo escrito por el Dr. Jack Cottrell.

UNA AYUDA PARA LA AUTO-EXAMINACIÓN
En Romanos 6:14-15, Pablo dice que nosotros los cristianos “no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia”. En otras palabras, no estamos bajo el sistema de la ley como método de salvación; estamos bajo el sistema de la gracia. Sabemos que aún estamos obligados a obedecer los mandatos de la ley de Dios, pero nos damos cuenta que no somos salvados por lograr cierto nivel de obediencia a esos mandatos. Más bien, somos salvos por la gracia de Dios, por medio de nuestra sincera confianza en las obras redentoras de Cristo. Como creyentes, existimos en gracia; vivimos en gracia; actuamos en gracia.

Pero, ¿PENSAMOS en gracia, o bien, en términos de gracia? ¿Son consistentes nuestros patrones de pensamiento con ser salvos por gracia? En un sentido real, la ley y la gracia son actitudes, estados mentales, modos de pensar, mentalidades. Todo el abordaje espiritual y mental hacia la vida y salvación será medida en términos de ley o en términos de gracias. Podemos vivir con una mentalidad de ley o con una mentalidad de gracia.

Muchos cristianos siguen viviendo COMO SI todavía estuvieran bajo la ley. Pero esto no es bueno. Aún si somos salvos, no podemos experimentar el gozo de nuestra salvación si todavía estamos atrapados en la mentalidad de ley.

¿Cómo podemos saber si seguimos obrando bajo una mentalidad de ley, o si, más bien, hemos aprendido a “pensar en gracia”? Una manera es de examinar cómo pensamos de ciertas cosas. En otras palabras, ¿qué pensamos de nosotros mismos? ¿De nuestras obras? ¿De la ley de Dios? ¿Del camino de la salvación? ¿De Dios mismo? Aquí necesitamos tomar un poco de tiempo para auto-examinarnos.

I. ¿Cuál es tu estimación de TI MISMO? O bien, de tu valor y habilidad ante Dios.
a. En general, la mente LEY tiene una opinión exaltada de sí misma, y se considera ser bastante merecedora de la salvación y cerca de lo que requiere Dios. Uno que piensa en términos de ley tiene un punto de vista superficial de su pecado personal y de su debilidad ante Dios. Él es el “buen hombre moral” que piensa que merece el cielo si no bebe alcohol, ni dice groserías, ni mantiene una vida sexual impura. Está bastante orgulloso de sí mismo.
b. Uno que piensa en términos de gracia, por otra parte, sabe que es un pecador, y que no merece la salvación. Tiene un sentido agudo de su pecado y de su necesidad de misericordia. Conoce sus debilidades y pide auxilio. Reconoce que el bien que hace es por la gracia de Dios obrando en él—que hace el bien porque es salvo, no que es salvo porque es bueno. Piensa como el recaudador de impuestos, y no como el fariseo (Lucas 18:9-14); como el hijo pródigo, no como el hijo mayor (Lucas 15:11-32); como el Apóstol Pablo después de su conversión, y no antes (1 Timoteo 1:12-16).
c. ¿Cómo estás pensando tú? ¿Estas poniendo tu confianza en tu propia habilidad de mantener la ley de Dios, o estás poniendo tu confianza en la habilidad de Dios de mantener Sus promesas?

II. ¿Cuál es tu actitud hacia la LEY DE DIOS?
a. Muy a menudo, la mente de LEY en realidad odia la ley, pero la obedece externamente por temor a ir al infierno, o simplemente por un deseo de ir al cielo. Uno que piensa en términos de ley preferiría desobedecer, si pudiera hacerlo sin ser descubierto. Mantiene la ley, pero por razones egoístas. Hay una conformidad externa, pero una rebelión interna. La mente de LEY es un esclavo reacio a la ley. Martín Lutero lo resumió bien: “¿Qué, pues, es la diferencia ante Dios entre uno que hace lo malo, y otro que quiere hacer lo malo, pero no lo hace sólo porque está restringido por el temor o atraído por el amor de algún bien temporario?” Lutero dice que las personas en la segunda categoría “hacen las obras de la ley según la letra sin el espíritu, en otras palabras, por temor al castigo y no por amor de justicia. Según su verdadera intención, les gustaría actuar de manera diferente si pudieran hacerlo sin ser castigados, aunque su voluntad llegaría a ser culpable. ¿Qué ganancia le traen al hombre las obras que se hacen externamente si su voluntad es pecaminosa ante Dios, aunque hablando humanamente, sus acciones pueden parecer justas?”
b. La mente de GRACIA, por otra parte, ama la ley y la obedece porque es la voluntad del Dios a quien ama. Se deleita en la ley de Dios (véase Salmos 1:2; 112:1; 119:97). Realmente quiere obedecerla, aun cuando está débil y a veces falla. A pesar de desobediencia externa, tiene un deseo interno de obedecer (como Pablo en Romanos 7:22).
c. Por contraste, el uno odia el castigo y el otro odia el pecado. El uno ama la dádiva y el otro ama al dador. El uno dice “tengo de deber” de obedecer y el otro dice “tengo el privilegio” de obedecer. ¿Y qué de ti? Intentas obedecer solo porque sientes de DEBES? ¿Solo porque es la ley y la ley simplemente DEBE ser obedecida, aunque preferirías no hacerlo? ¿O lo obedeces libremente porque quiere complacer a Dios? (Aquí hay una pregunta hipotética de prueba: Si de repente descubrieras que no hay cielo ni hay infierno, ¿aun así obedecerías a Dios? ¿O te regocijarías porque ahora ya no hay razón para obedecerla?)

III. ¿Cuál es tu estimación de tus propias OBRAS? ¿Qué es su valor o función?
a. La mente de LEY considera sus obras como una manera de ganarse o perder su salvación. La mente de GRACIA ve sus obras como expresiones amorosas de acción de gracias por el regalo de la salvación, y sus pecados como heridas en el corazón de Dios.
b. La mente de LEY ve sus buenas obras como ofrendas por el pecado. Piensa que si trabaja lo suficientemente duro, puede compensar por sus pecados, como una escala de balanza donde las obras buenas igualan o pesan más que las obras malas. La mente de GRACIA, sin embargo, ve sus buenas obras como ofrendas de acción de gracias. Sabe que la salvación es un regalo y que no puede pagar por ella. Sabe que si realmente es un regalo, lo único que puede decir es “Gracias, Dios”—con su vida.
c. La mente de LEY pregunta, “¿He hecho suficientes buenas obras para ser salvo?” La mente de GRACIA pregunta, “¿Estoy confiando solo en las obras de Jesús para mi salvación? ¿He hecho suficientes buenas obras como para complacer a mi Salvador?”
d. La mente de LEY siente que su salvación depende de qué tan bien mantiene la ley. Cada vez que peca contra la ley de Dios, siente que su salvación queda en peligro o que ha sido perdida. La mente de GRACIA reconoce su pecado que sabe que Cristo ha pagado la deuda de castigo debida por ese pecado.
e. La mente de LEY dice, “Trabajo con tal de ser salvo”. La mente de GRACIA dice, “Trabajo porque he sido salvado.” Véase Efesios 2:8-10.
f. La mente de LEY siente que, al mantener los diez mandamientos, o el sermón del monte, o la regla dorada, que está BIEN. Verdaderamente piensa que HACER estas cosas lo hacen lo suficientemente bueno para llegar al cielo. O, más comúnmente, piensa que al NO hacer estas cosas, se hace lo suficientemente malo como para no ir al cielo. (Estos son dos lados de la misma moneda de obras-salvación.) Pero la mente de GRACIA se da cuenta que la obediencia y la desobediencia de mandamientos de la ley no son los factores decisivos para determinar su destino eterno.

IV. ¿Cuál es tu abordaje entero a la SALVACIÓN?
a. La mente de LEY busca a Dios por medio de las obras; la mente de GRACIA busca a Dios por medio de la fe.
b. La mente de LEY confía en su propia habilidad para mantener los mandamientos; la mente de GRACIA confía en la habilidad de Dios de mantener Sus promesas.
c. Uno dice HAZ; el otro dice HECHO.
d. Uno dice LOGRA; el otro dice CREE.
e. Uno pide MÉRITO; el otro pide MISERICORDIA.
f. Uno dice ADQUISICIÓN; el otro dice EXPIACIÓN.
g. Uno invoca lo que hemos hecho NOSOTROS; el otro invoca lo que ha hecho CRISTO.
h. Uno descansa en su PROPIA justicia; el otro descansa en la justicia de DIOS.
i. Uno pone su esperanza en la obediencia persona; el otro pone su esperanza en el amor de Dios.

V. ¿Cuál es tu estimación de DIOS MISMO?
a. ¿Es Dios un Dios de gracia o no? ¿Mantendrá sus promesas o no? Dios quiere justificar libremente por Su gracia, ¡y nuestra respuesta es creer que realmente tiene esa intención! ¿Nos atrevemos a permitir que “Dios sea Dios”? ¿Nos atrevemos a creer en Sus promesas?
b. Dios no es un contador que disfruta de mantener libros de registro sobre nosotros. No está ahí con su goma de borrar listo, entusiasta por borrar nuestros nombres del Libro de la Vida. No lo obliguemos a entrar a este molde. ¡Quiere ser un Dios de gracia! ¡Quiere marcar tu libro como “pagado en su totalidad” y echar el lápiz y la goma a la basura!
c. Dios quiere ser un DADOR y no un PAGADOR. ¿Cómo te sentiría si le dieras a alguien un lindo regalo, y que esa persona insistiera en pagar por ello? Esto es exactamente lo que estamos haciendo cuando pensamos que nuestras obras de alguna manera no están ganando nuestra salvación, cuando pensamos que la salvación depende de lo que hacemos día a día, como si nuestras buenas obras están ganando nuestra salvación y nuestros pecados lo están perdiendo.
d. Esta exhortación está dirigida a cristianos honestos y sinceros quienes SÍ creen en Dios pero que siguen ansiosos porque no saben si su salvación corre peligro porque no pueden hacer lo suficiente. Mi pregunta a ti es esto: ¿PERMITIRÁS QUE DIOS SEA DIOS? ¿Le permitirás DARTE tu salvación? ¿Le permitirán escribir “pagado en su totalidad” en tu libro? ¿Dónde está tu fe? ¿Confías de todo corazón en la sangre de Jesucristo? ¿Realmente crees que ha pagado el castigo por tus pecados? ¿Por qué sigues preocupado de ir al infierno?
Adelante. Haz tu MEJOR ESFUERZO. No por pagarle de vuelta, no por mantener el crédito por delante del débito en un libro de registro, no para ver si tus obras pueden balancear el regalo—sino en amorosa gratitud, y solo porque ¡DIOS ES DIOS! ¡Deja que Dios tenga gracia! ¡Deja que mantenga Sus promesas!

CONCLUSIÓN. La suma de la cuestión es esta: tu vida ¿está centrada en TI MISMO o centrada en DIOS?
A. ¿Buscas obedecer la ley por tu propia causa, para tu propia ventaja; o lo haces para la gloria de Dios? ¿Amas el regalo más de lo que amas al dador? ¿Eres un contratado avaricioso que hace lo que le dicen para que pueda recolectar su pago, o un esclavo malhumorado que obedece para escapar del látigo? ¿O está descansando tan plenamente tu confianza en Dios que pones estos pensamientos de lado y te concentras en obedecer a Dios porque es Dios, completamente confiado en que Él es y será un Dios de gracia?
B. La mente de LEY pone el foco en sí mismo; la mente de GRACIA lo pone en Dios.
C. Recuerda que nadie en esta vida logrará el ideal; nadie expresará la mentalidad de gracia perfectamente. Siempre tendremos la tendencia a pensar en términos de ley, pero debemos luchar contra ello, y luchar por lograr una mente de GRACIA. Nosotros como cristianos estamos en algún lugar entre los dos opuestos del espectro, pero nos estamos alejando de un lado y acercando al otro. En esta vida nunca será cuestión de uno o el otro, sino más bien, una cuestión de menos de uno y más del otro. Con la ayuda de Dios, que tengamos menos y menos de la mente de LEY y más y más de la mente de GRACIA.

 

Pueden encontrar las notas originales del Dr. Jack Cottrell buscando su página en Facebook o en su blog. Para ver el artículo original, haga clic AQUÍ.

La versión de la Biblia usada en este artículo es la RV1960, a menos de ser específicamente notado.