Verdad cristiana para un mundo en decaimiento

verdad-cristianaUn artículo escrito por el Dr. Jack Cottrell.  Agosto 2016.

A veces nos saludamos con esta pregunta, “¿Cómo van las cosas?”

¿Cosas?” ¿Qué tipo de “cosas”?  Generalmente lo que queremos decir es, “¿Cómo está tu salud?  ¿Cómo está tu familia?  ¿Cómo está tu familia?  ¿Qué hay de nuevo en tu vida?

Pero, ¿qué sucedería si ampliáramos el alcance de la pregunta, por ejemplo, “En general, ¿crees que las cosas en la nación van en la dirección correcta, o se han desviado en el camino incorrecto?”  Aquí te estaríamos pidiendo dar una opinión sobre “lo que está sucediendo” referente a tales cosas como el respeto por la vida humana, el respeto por la propiedad privada, el respeto hacia las fuerzas policiales, la eficiencia de nuestras escuelas, la honestidad de nuestro políticos, los estándares morales presentados en la televisión y las películas, el respeto por creencias y estándares cristianos, relaciones raciales y la integridad de la familia.

¿Qué sería tu respuesta?  Por los últimos seis años por lo menos, la gente que hace las “Encuestas Gallup” han hecho las preguntas arriba (“En general, ¿piensas que las cosas en la nación van en la dirección correcta, o van por un camino malo?”) por lo menos 20 veces.  En 18 de estas encuestas, más del 60% dijo, “¡Mal camino!”  En las últimas 5 encuestas, “¡Mal camino!” fue la respuesta casi el 70% del tiempo.  “Dirección correcta” fue la respuesta un promedio de menos 25% del tiempo.

Esto nos lleva a preguntar, ¿qué le pasa a nuestro país?  ¡Sí, es un desastre!  Pero, ¿POR QUÉ están tan mal las cosas, y por qué van empeorándose?  ¿Por qué hay tanta violencia, matanzas, robos, mentiras, infidelidad, abuso infantil, abuso de pareja, y comportamiento sexual sin límites ni culpabilidad?  ¿Por qué está tan dedicada nuestra cultura a anarquía y amoralidad?  ¿Por qué hay tantas personas sin sentido del bien y el mal, y sin consciencia?  ¿Por qué existen estas supuestas filosofías sobre la vida? – “¡Haz lo que quieras siempre que nadie te atrape!” “¡La fuerza hace la razón!”  “¡Todo se vale!”

¿POR QUÉ?  ¿Por qué es que este comportamiento poco civilizado, amoral y destructivo es aprobado y promovido tan abiertamente por los medios, la industria de entretención, nuestro sistema educacional, la hez de política y los que tienen poder en general?  Sugiero la siguiente respuesta a la pregunta de “POR QUÉ”: existe mucho mal comportamiento porque existe mucha mala CREENCIA.

Una regla básica de la vida es que el comportamiento sigue la creencia.  Puesto de otra manera, las ideas tienen consecuencias.  Las acciones se determinan por lo que uno cree que es verdad, sean verdad o no.  Yo creo que la fuente nuestro problema son las creencias malas, y una creencia mala en particular.  Nuestra cultura más y más ha adoptado una MENTIRA MONSTRUOSA, una de las falsedades más destructivas que el diablo ha confeccionado.  Por los últimos 150 años, esta malvada mentira ha estado creciendo en aceptación; y en los últimos 50 años ha llegado a ser dominante en nuestro mundo, y ha producido el caos moral y civil que está amenazando destruirnos.

¿Qué es esta creencia falsa?  Es la extensa convicción que NO EXISTE TAL COSA COMO LA VERDAD ABSOLUTA—en otras palabras, el relativismo.  Hemos perdido nuestro sentido de la verdad.  Frecuentemente escuchas a alguien decir, “Puedes creer lo que quieras creer, pero lo que es ‘verdad’ para ti no es ‘verdad’ para mí.”  “Eso solo es tu verdad, no es la mía.”  Todas las declaraciones de la verdad son relativas, según lo expresa este poema por Ahraham Edel (d. 2007):

Todo depende de dónde estás,
Todo depende de cuándo estás,
Todo depende de cómo te sientes,
Todo depende de qué sientes.
Todo depende de cómo te criaron,
Todo depende de lo que se alaba,
Lo que está bien hoy mañana está mal,
Gozo en Francia, en Inglaterra tristeza.
Todo depende del punto de vista,
Australia o Tombuctú,
En Roma haz lo que hacen los Romanos.
Si sucede que están de acuerdo en gustos,
Entonces tienes moralidad.
Pero donde hay tendencias en conflicto,
Todo depende, todo depende . . .

Tal relativismo que entumece la consciencia explica el por qué la gente de todo tipo puede mentir, robar, asesinar, destruir propiedad y hacer todo tipo de cosa malvada ¡sin jamás sentirse culpables!  Sin no existe la verdad absoluta, ¡entonces no hay un bien o un mal!  No hay leyes, no hay reglas.  La gente carece de caridad porque carece de la verdad.  Una falta de verdad lleva a una falta de ley.  Hemos visto como, en tiempos recientes, muchos han tenido objeciones al poner los diez mandamientos en lugares públicos o en propiedades públicas, citando un conflicto del supuesto principio de la separación de la iglesia y el estado.  Yo sugiero que la motivación subyacente para tales objeciones es que nuestra sociedad liberal y privada de verdad no quiere admitir que hay tal cosa como mandamientos o reglas.

Otro ejemplo de este relativismo es la presencia amplia de la filosofía del postmodernismo en nuestro mundo académico de hoy.  La enseñanza fundamental del postmodernismo es que no existe tal cosa como la verdad absoluta.  Este punto de vista puede ser encontrado en algunos lugares dentro del movimiento de restauración.  Uno puede ver, por ejemplo, un libro titulado Christian Apologetics in the Postmodern World [Apologética cristiana en el mundo postmoderno] (IVP, 1995), y encontrar un capítulo titulado, “No hay tal cosa como la verdad objetiva, y eso es cosa buena” (pp. 155-170), escrito por Philip Kenneson, un profesor en Milligan College.  Hace varios años escuché a un profesor de Nuevo Testamento de una universidad bíblica en el movimiento de restauración defender el postmodernismo en un discurso público.

Uno puede encontrar ejemplos de esta negación de la verdad absoluta en cualquier era, pero nunca ha sido tan dominante como ha llegado a ser en el último siglo y medio.  Yo sugiero que podemos trazar este movimiento moderno a 1859, el año en que fue publicado en El origen de las especies.  Esto comenzó la erosión determinada de creencia en la creación divina, la significancia del cual será explicado abajo.  Dentro de cincuenta años, un grande segmento de la cristiandad conocido como el liberalismo se ha rendido al anti-sobrenaturalismo y ha cedido casi cada verdad bíblica centra.  Tras otros cincuenta años, la negación de lo absoluto había llegado a ser extenso tanto en círculos seculares, como cristianos.  Cuando fui un estudiante en seminario a mediados de los 1960s, las tendencias teológicas principales en el mundo cristiano no conservador eran la teología de la “muerte de Dios” (por ejemplo, Thomas Altizer, Paul van Buren), la “nueva moralidad” (por ejemplo, Joseph Flecher), y la “teología de secularización (por ejemplo, Harvey Cox).  Van Buren escribió un ensayo perceptivo e influyente llamado “La disolución de lo absoluto”, publicado en la publicación Religión en vida (verano 1965).

Desde este punto en adelante, el relativismo prácticamente reinó como rey.  Puntos de vista y sistemas que nunca hubiesen sido toleradas hace solo unas décadas ahora florecieron.  A fines de los 1960s y a principios de los 1970s, varios rivales al cristianismo tradicional surgieron: la liberación homosexual, el ocultismo, el movimiento de la nueva era, el humanismo secular.  Dentro del cristianismo mismo, la idea de doctrina sana fue desafiada por el surgimiento del feminismo y por ataques sobre la inerrancia bíblica.

Mi punto es este: lo que estamos viendo en nuestra cultura presente simplemente es el fruto de árbol venenoso del relativismo—el rechazo de la idea de la verdad absoluta.

¿Qué pueden hacer los cristianos que creen en la Biblia sobre esto, si es que hay algo que puedan hacer?  De mayor importancia, deben permanecer dedicados a la realidad de la VERDAD—la verdad absoluta.  Esto es lo que nos hace diferentes de la mayoría del mundo, y por qué la mayoría del mundo odia al cristianismo conservador: creemos en una verdad absoluta y en reglas absolutas.

¿Cómo podemos estar seguros que nosotros, nuestras familias y nuestras iglesias permanecen dedicados a la verdad absoluta?  ¿Cómo podemos influenciar a otros a estar de acuerdo con nosotros y regresar a este fundamento firme?  Algunos inmediatamente dicen, “Simplemente debemos seguir predicando el evangelio de Jesucristo al mundo.  Jesús es la respuesta.  Sólo enfócate en Jesús.”

Por supuesto, es verdad que Jesús es la única respuesta al problema de pecado personal; él es la única fuente de salvación de ese pecado.  También, creer en Jesús como Señor y Salvador puede hacer a cualquiera querer hacer el bien, y su regalo del Espíritu Santo nos puede dar la habilidad de hacer el bien.  Pero estas son repuestas después-del-hecho al pecado.  Nuestra pregunta presente es esta: ¿cómo podemos mostrar que existe tal cosa como el pecado en primer lugar?  ¿Cómo podemos poner el fundamento para el sistema entero del bien y el mal?

Un importante y necesario hecho es este: el tema crucial de la verdad absoluta y el bien-y-mal absoluto, es un tema mucho más grande que Jesús como tal.  La fe cristiana no se trata solamente del pecado y la salvación; no es solamente sobre lo que la gente considera “religión”.  Es una cosmovisión entera.  Si comparamos la realidad con un rompecabezas grande encerrado en una caja con una foto, Jesús es tan solo una parte de esa foto.  Él toma parte de un marco comprehensivo mucho más grande.

La pregunta de la verdad absoluta es si hay una forma correcta de juntar todas esas piezas del rompecabezas.  La respuesta es sí; esta es la declaración fundamental del cristianismo.  Así que, ¿cómo podemos juntar esas piezas del rompecabezas correctamente?  Como con cualquier rompecabezas, empezamos en las piezas de esquina para el rompecabezas de la cosmovisión bíblica, y en el resto de este ensayo propondré cuáles son.  Mi contención es que es importante—aún, crucial—que la iglesia no solamente acepte estas “piezas de esquina”, sino que sigua enseñándolas de manera firme y seguida, especialmente a nuestras audiencias generaciones.

El problema es que el mundo entero a nuestro alrededor ha perdido estas creencias fundamentales y eso es por qué el mundo es un desastre.  Sin estas piezas de esquina, no existirá la idea de la verdad.  Así que lo que sigue son los bloques fundamentales sobre las cuales la verdad—y una sociedad decente—debe ser construida.  Estas son el cimiento de una civilización pacífica y justa.  Sin estas, “todo se vale”.

I.  LA EXISTENCIA DE DIOS

La primera pieza de esquina de la cosmovisión cristiana es creencia en la existencia de Dios.  La mayoría de las personas dicen que están comprometidos a esa creencia.  En una encuesta Harris en 2013, 74% de adultos en los EEUU dijeron que creían en Dios.  En una encuesta Gallup en 2016, el número era 89%.  Sin embargo, aquí hay unos serios calificativos.  En la encuesta Harris, aunque el 74% dijeron que creían en Dios, solo 54% dijeron que estaban seguros de ello.  En la encuesta Gallup, la pregunta misma fue ambigua: “¿Crees en Dios o un espíritu universal?”  Podemos estar seguros de que muchos de los que responden “sí” a una pregunta así tendrán un punto de vista deficiente sobre quién realmente es Dios.

El punto es que el verdadero Dios, quien es el fundamento de toda verdad, no es solo un concepto de un “ser divino”, sino que debe ser el único Dios de la Biblia.  Creer en Dios es el punto de inicio de la cosmovisión cristiana (“En el principio Dios . . .”), pero debe ser el Dios verdadero, el Dios de la Biblia.  A menos que uno crea en Dios según lo revela la Biblia, una fe así no hará una diferencia significante en la manera que uno vive y actúa.

¿Exactamente qué hay sobre el Dios de la Biblia que difiere de la mayoría de los conceptos de Dios, y que es fundamental para la existencia de la verdad?  ¿Qué hay sobre el verdadero Dios que es tan diferente que puede cambiar al mundo?  Puede que mucho sugieran que la respuesta a esa pregunta es el AMOR de Dios; puede que otros sugieran Su SOBERANÍA, o Su OMNIPOTENCIA.  Todas estas son extremadamente importantes, pero no son la segunda pieza de esquina para la cosmovisión cristiana.  ¿Qué es?

II.  EL HECHO DE LA CREACIÓN

De todo lo que sabemos del Dios de la Biblia, nada es más importante que el hecho que Él es el Creador de todas las cosas.  “En el principio creó Dios . . .” (Génesis 1:1).  Junto con la existencia de Dios, esta es la segunda verdad más importante; y es crucial para establecer la realidad de la verdad absoluta.

Esto es por qué (cómo he sugerido arriba) podemos identificar 1859 como el tiempo cuando una herida casi fatal fue dada contra la cosmovisión cristiana.  Con la publicación del Origen de las Especies de Darwin, la teoría de la evolución comenzó a socavar el concepto de la creación.  A través de las siguientes décadas, hasta cristianos comenzaron a cuestionar la verdad de Génesis 1-11, y con ello, la creación bíblica y veracidad de la Biblia como tal.

En décadas recientes hemos visto un intento renovado de restaurar y defender creencia en el testimonio bíblico sobre la creación, gracias a hombres como Henry M. Morris (cf. the Institute for Creation Research [el Instituto para Investigaciones sobre la Creación]) y ken Ham (cf. Answers in Genesis [Respuestas en Génesis], the Creation Museum [el Museo de la Creación], y el Ark Encounter [Encuentro con el Arca].  En muchas maneras podemos estar muy agradecidos por este énfasis renovado sobre el “creacionismos”.  Sin embargo, creo que de muchas maneras, el movimiento creacionistas en realidad ha debilitado el caso por la creación a los ojos de nuestra población general.

¿Por qué ha sido este el caso?  Porque la gente “creacionista” que llega a la prensa generalmente argumentan ferozmente por una creación de “tierra joven”: la idea de que la creación descrita en Génesis 1 sucedió hace más o menos 6,000 años, y por lo tanto que todo en el universo solo tiene unos 6,000 años.  Muchos cristianos, por diferentes razones, creen que el universo es mucho más antiguo que esto, pero lo que llega al público es la idea falsa de que TODOS los que creen en la creación son los de “tierra joven” y que los cristianos están diciendo que, a menos que creas en el punto de vista de tierra joven, en realidad no crees en la creación.

Sin importar quién tiene la razón en este debate, ha dejado la impresión de que la única cosa que en realidad está en juego referente a la creación es hace cuánto tiempo sucedió.  Sea cual sea la importancia de esto, esta discusión entera nos ha distraído del punto principal, que es el simple HECHO de que, en el principio, cuando sea que fue eso, DIOS CREÓ LOS CIELOS Y LA TIERRA.

No puedo estresar este punto lo suficiente: ¡todo sobre este universo, incluyendo la raza humana, le debe su existencia a ese evento de creación original cuando el Dios eterno trajo toda la materia del universo a la existencia de la nada—ex nihilo!  Esto significa que cuando pensamos en Dios, la primera cosa que debe estar en nuestras mentes es esto: ¡DIOS ES NUESTRO CREADOR!

Ahora la pregunta es, ¿POR QUÉ es esto tan importante?  Porque, a menos que tengamos un Dios Creador, ¡no tenemos ninguna verdad absoluta sobre nada!  Ahora podemos ver por qué nuestro mundo, nuestra cultura, ha perdido su creencia en la verdad absoluta: porque ha capitulado a Darwin y abandonado su creencia en el DIOS CREADOR.

¿Por qué es la realidad de la creación tan crucial para la existencia de la verdad absoluta?  Porque la verdad absoluta depende del conocimiento universal e infinito (omnisciencia), y solo aquel que ha creado toda realidad tiene este tipo de conocimiento.  Uno de los argumentos principales en contra de la verdad absoluta es que aún los humanos más brillantes son finitos: están limitado por su orientación específica en el tiempo y el espacio y tienen una perspectiva inescapablemente egocéntrica del cual llegar a conclusiones.  A esto se le llama el “predicamento egocéntrico”.  Se le considera ser un argumento sin irrefutable contra la verdad absoluta.

Tal argumento solo puede tener éxito, sin embargo, si la existencia y estatus de creador de Dios se eliminan.  ¡Pero el Dios Creador sí existe!  Y el conocimiento en la mente del Dios Creador no está limitada por nada; no tiene un “predicamento egocéntrico” que lo haga ignorante de nada y que le requiera adivinar o especular sobre nada.  Por lo tanto, confiadamente afirmamos que la verdad absoluta existe: es el contenido de la mente de Dios.

Esto incluye reglas y normas éticas.  Como tales normas vienen del Dios Creador, ellos también son absolutos.  Porque Dios es el Creador infinito, no tan solo tiene conocimiento infinito de qué elecciones morales son los mejores para sus criaturas morales humanas; sino que también tiene la autoridad absoluta y soberana para hacer reglas absolutas y el derecho absoluto de imponerlas.  Este es el derecho de propiedad, la cual Dios tiene por virtud del hecho de la creación.

Titubeo un poco en decir esto, pero debo decirlo.  Creo que en muchas formas la iglesia misma es algo responsable por el quebrantamiento en nuestra sociedad, porque no hemos estresado lo suficiente el hecho y las implicaciones de la creación.  He escuchado a muchos cristianos y predicadores cristianos afirmar que nuestro único asunto es predicar el evangelio de Cristo y la salvación personal (el evangelio “fundamentalista” antiguo).  Otros han dicho que lo único que necesitamos hacer es predicar a Jesús como nuestro modelo de vida santa y justicia social (la antigua herejía “liberal”).  Pero de nuevo debo señalar; ¡la cosmovisión cristiana es más grande que Jesús!  ¡Comienza con la existencia del Dios Creador y el hecho de la Creación!  Pero aún estas son solo dos de nuestras cuatro piezas.  ¿Qué hay de los demás?

III.  LA REVELACIÓN DEL CONOCIMIENTO DE DIOS PARA NOSOTROS POR MEDIO DE LA PALABRA

La tercera pieza de esquina de la cosmovisión cristiana sigue lógicamente después de las primeras dos.  Podemos acordar que el contenido de la mente del Dios Creador es verdad absoluta.  Pero eso en sí no quiere decir que tenemos acceso a esa verdad—¡a menos que Dios decida pasarnos un poco de ese conocimiento!  Y eso es exactamente lo que ha hecho: (1) El Dios infinito existe.  (2)  Él es el Creador ex nihilo de todas las cosas y tiene conocimiento absoluto de toda verdad.  (3) Y ha revelado alguna de esta verdad a los seres humanos en las palabras de la Biblia.

Hebreos 1:1-2 puede ser resumido diciendo que “¡Dios ha hablado!”  Él ha usado las palabras del lenguaje humano para comunicarse con nosotros.  Esto es lo que encontramos cuando leemos y estudiamos la Biblia: los oráculos de Dios [NBLH] (véase Romanos 3:2).  Es por esto que podemos creer en la verdad absoluta.  Es difícil para nosotros entender lo maravilloso que es esto: ¡el Creador todopoderoso del universo les ha hablado a los seres humanos en el lenguaje humano, en palabras humanas!  Esto es algo que los súbditos de Satanás (filósofos mundanos y teólogos liberales) han estado atacando por lo menos cien años.  Un tema principal de la teología liberal a mediados del siglo 20 y después es una negación de la REVELACIÓN DE LA PALABRA.  Muchos han enseñado que Dios se ha revelado a Sí mismo en ciertas acciones dentro de este mundo, pero no en palabras.  De alguna manera, comunicar en palabras se le considera indigno de Él.  Y al lenguaje mismo se le considera demasiado delicado, frágil y ambiguo como para comunicar algo con precisión—especialmente las cosas divinas.  (Este es un tema principal del postmodernismo.)

¡AL CONTRARIO!  El mismo hecho de que DIOS HA HABLADO muestra que PODEMOS confiar en la validez del lenguaje humano, el lenguaje mismo siendo uno de los regalos del Creador.  Esto se ve a través de Génesis 1 (“Y Dios dijo . . .”)  Se ve a través de la Palabra profética: “Oigan, cielos, y escucha, tierra, Porque el SEÑOR habla . . . Oigan la palabra del SEÑOR” (Isaías 1:2, 10, NBLH).  Hablándonos en lenguaje humano, Jesús como Dios el Hijo testifica por la verdad de toda Escritura (Mateo 5:17-18; Juan 10:35; Juan 17:17).  Pablo lo afirma: “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16, NBLH).  Porque Dios ha hablado, hemos aceptado las palabras de la Escritura como algo que nos comunica la verdad absoluta que origina en la mente de Dios.

Hasta ahora hemos explicado tres de las cuatro piezas de esquina del rompecabezas que forma la cosmovisión cristiana: la existencia de Dios, el hecho de la creación, y la revelación de la Palabra por parte de Dios.  Pero hay una cosa más que se necesita para que la comunicación de Dios de la verdad pueda ser significante para nosotros.

IV.  LOS SERES HUMANOS HAN SIDO HECHOS A LA IMAGEN DE DIOS

Como se mencionó arriba, un tema principal de la era moderna es la insuficiencia del lenguaje humano.  Basado en esta suposición, se argumenta que no hay manera de que alguien pueda saber de seguro lo que otra persona está diciendo cuando hablan en algún lenguaje humano.  Algunos aplican esta suposición a la constitución de los EEUU; otros lo aplican a la Biblia.  En este último caso, la consecuencia es que ya no tenemos un énfasis en la doctrina sana en nuestras iglesias.  Aun cuando aceptamos que la Escritura es inspirada por Dios, el proceso de comunicación se desarma cuando nosotros, las criaturas finitas, tratamos de entenderlo.  Casi todo se trata como una “cuestión de opinión” y así se concluye que ya no hay una manera correcta de interpretar la mayoría de la Escritura.

Aquí es donde Isaías 55:8-9 se presenta como evidencia: “Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, Ni sus caminos son Mis caminos,” declara el SEÑOR. “Porque como los cielos son más altos que la tierra, Así Mis caminos son más altos que sus caminos, Y Mis pensamientos más que sus pensamientos” (NHBL).  Así que, ¿cómo podemos hablar de la verdad absoluta, aún con revelación divina?  No podemos, dice nuestro mundo postmoderno.  No podemos esperar entender los significados transcendentes de las palabras de Dios.

¿Qué diremos a esto?  Primero, es un poco irónico ver a postmodernistas citar la Escritura para comprobar que no entendemos la Escritura.  La ironía misma queda eclipsada por la obvia malinterpretación del texto de Isaías, donde el versículo 7 claramente muestra que el contraste no está entre los intentos pequeños y finitos del hombre de hablar de cosas divinas y transcendentes, sino que es, más bien entre los caminos malvados y pensamientos inicuos en contras con los de Dios, que son santos y puros—a los cuales se nos manda adoptar e imitar.

Pero el punto principal es este.  La idea de que nuestras mentes humanas y entendimiento finito no son nada ante los procesos de pensamientos divinos se muestra ser falso por el hecho de que nosotros como seres humanos somos creados de manera única a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27).  Esto no significa que compartimos la divinidad infinita de Dios, lo cual es inherentemente imposible; pero sí significa que Dios y los seres humanos tienen la capacidad de comunicarse el uno con el otro.  Nuestras mentes y nuestro intelecto fueron diseñadas usando la vida intelectual de Dios como patrón.  Nuestra lógica, nuestro razonamiento, nuestras habilidades analíticas, nuestro lenguaje mismo fueron creados para hacerle par a los procesos de Dios mismo.  (La excepción obvia, por supuesto, es que los poderes mentales de Dios son infinitos, mientras que las nuestros son bastante finitas.)

Habiendo sido hechos a la imagen de Dios significa que cuando Dios nos habla la verdad según se graba en la Escritura, tres cosas deben ser entendidas.  Primero, cualquier cosa que Dios nos dice debe significar algo específico.  Una declaración de Dios no puede estar abierta a cualquier interpretación que queremos darle.  Segundo, como Dios deliberadamente elige hablar Su palabra a nosotros, debe querer que lo entendamos, y que lo entendamos en el mismo sentido en el que nos lo dio (véase Isaías 55:11).  Tercero, como estamos hechos a la imagen de Dios, PODEMOS entenderla en el mismo sentido en el cual nos la dio.

El punto principal es que la negación de la verdad absoluta es un insulto a Dios.  Es decir que el plan de Dios para hacer criaturas a Su imagen, con el cual podía comunicarse, ha fallado.

Mi conclusión es esta.  Cuando nosotros como iglesia contemplamos lo que tenemos que ofrecerle a este mundo caído y corrupto, sí debemos continuar predicando el evangelio de Jesucristo como el único camino de salvación del pecado.  Pero también debemos proclamar la cosmovisión entera bíblica como un sistema de verdad absoluta, dándole atención especial a las cuatro piezas de esquina del rompecabezas: la existencia de Dios, el hecho de la creación, la realidad de la revelación de la palabra, y la imagen de Dios.

Pueden encontrar las notas originales del Dr. Jack Cottrell buscando su página en Facebook o en su blog. Para ver el artículo original, haga clic AQUÍ.

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