De vuelta en contexto– ¿Es realmente ciega la fe?

December 2012-006Un artículo escrito por Jared Peer.  Para leer el artículo original, visiten el blog Rogue Millennials.

Juan 20:29– Jesús le dijo: “¿Porque Me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.”

Lo crean o no, este es más o menos el único pasaje en la Escritura que parece promover un “salto de fe ciega”.  Hay algunas cosas que debemos aceptar por fe, pero el cristianismo es una fe que abunda en evidencia y con una Escritura que constantemente pone nuestros cerebros a trabajar, y a ser sabios, y a discernir.  Cuando encontramos que la mayoría de la Escritura no está de acuerdo con nuestra interpretación asumida de un pasaje, es sabio darle una mirada más profunda al contexto.  ¿Este pasaje realmente dice que las personas son más bendecidas si creen ciegamente—en vez de investigar evidencia y considerarla cuidadosamente?

Nos dicen que debemos creer con nuestro cuerpo y nuestro espíritu, pero además—con nuestra mente.  La Escritura constantemente invoca la obligación de los creyentes a ser sabios, a buscar sabiduría, a ser discernientes aún entre profetas y espíritus, de ser sabios como serpientes.  El cristianismo es una fe particularmente intelectual—es espiritual y emocional y físico y social, pero especialmente intelectual.

Paul fue muy insistente sobre esto.  Nota que la naturaleza presenta un caso que las personas crean sabiamente en Dios, que todos los creyentes deben estar preparados para dar una defensa lógica para la esperanza que tienen, y hasta da una lista detallada de testigos del Jesús resucitado.  Lucas también habla de cómo él cuidadosamente investigó los hechos para que sus lectores pudieran estar seguros sobre las cosas de las que testificó.  La importancia de que la fe sea históricamente verdad se ve a través de toda la Escritura, y de nuevo apunta hacia las razones intelectuales por la cual es valiosa la fe.

la fe no es ciega

La fe ciega, por otra parte, es extremadamente peligrosa.  Es la fe ciega en dioses falsos de piedra y barro que Dios condena a través de todo el Antiguo Testamento, frecuentemente recordándole a Su pueblo, “Han visto mis obras, ¿qué han hecho estos ídolos para ustedes?”  La aceptación ciega puede llevar a lugares espantosos—no solo porque las creencias podrían ser falsas, sino también porque aquellos de quienes los aceptas ciegamente podrían aprovecharse de tu aceptación complaciente.  La fe ciega y que no discierne es la sustancia de sectas y la causa de muchos de los abusos más grandes de la iglesia.

La fe intelectual es crucial, especialmente en una era post-Ilustración y una era con presas de impresión y tecnología, donde la “enseñanza superior” tiene amplia disponibilidad y cualquiera puede leer de diversas fuentes y hacer decisiones informadas por sí mismos.  La fe ciega correctamente es criticada por ateos y agnósticos por igual—los cristianos verdaderamente necesitan estar preparados con razones inteligentes para la esperanza que tienen.  Esto es “apologética”, tener una defensa de tu fe.

Así que, ¿realmente comendaba Jesús la fe ciega, en el sentido que implican algunas personas?  ¿Lo que quiso decir Jesús era “No te preocupes de la evidencia, sólo confía en cualquier cosa que escuches sobre mí”?  Por supuesto que no—de hecho, dijo lo opuesto.  En Mateo 24:23-24, específicamente advierte en contra de aceptar rumores sin evidencia sobre el Mesías y su regreso.  La gente dice tantas cosas, y también los espíritus—es nuestro trabajo asegurarnos de discernir falsos profetas y espíritus falsos.

Jesús tampoco está diciendo, “Estás mejor si crees sin ver que aquellos que primero tuvieron que ver para creer.”  Caso concreto—el contexto de la historia son las dudas de Tomás.  Lo que la mayoría no sabe es que Jesús llegó una semana antes a los otros discípulos y se mostró a ellos para que creyeran (Juan 20:19-23).  Jesús les muestra sus manos y su costado, y luego se va para cuando regresa Tomás.  Los discípulos le cuentan a Tomás, pero él no les cree y famosamente dice que debe ver por sí mismo para creer.  Una semana después, Jesús regresa y hace lo mismo para Tomás (Juan 20:27-28).  Jesús claramente no le está diciendo a Tomás, “Los otros discípulos son mejor”—¡porque ellos también necesitaban ver para creer!

Este pasaje no es un contraste entre “Tomás el Incrédulo”, que tenía que ver, y otros que creyeron sin ver—no había ninguno que creyera sin ver primero.  Desde las mujeres en la tumba a los discípulos en el cuarto cerrado, desde los hombres en el camino a Emaús hasta Pablo en camino a Damasco—nadie que conoció a Jesús personalmente “creyó sin ver”.  Así que, ¿quiénes son estas personas que “creen sin ver”?

caravaggio_-_the_incredulity_of_saint_thomas
La incredulidad de Tomás, por Caravaggio.

Recuerda que Juan está escribiendo este evangelio al final del primer siglo.  Él es uno de los últimos testigos y está discipulando un movimiento creciente cristiano lleno de personas que no pudieron ver a Jesús resucitado en persona.  Juan les recuerda a sus lectores que “ver” a Jesús en persona es solo una manera de llegar a creer, una manera que ya no está disponible.  Quiere que sepan que ellos también son bendecidos, y de maneras distintas.

Los creyentes no quedan en oscuridad, teniendo que tomar un “salto de fe”.  ¿Cómo son bendecidos, y cómo llegan a conocer a Jesús de manera diferente que aquellos que lo conocieron en persona?

Creyentes se fían del testimonio de aquellos quienes vieron, que fueron grabado en la Escritura.

Creyentes tienen el testimonio de previas generaciones y su experiencia con Dios.

Creyentes ahora tienen una abundancia de evidencia histórica y natural.

Creyentes tienen sus propias experiencias personales con Dios.

Creyentes tienen sacramentos, tiempos para experimentar a “Dios con nosotros” y “nosotros en comunidad”—oración, adoración, comunión, confraternidad.

Creyentes tienen la morada del Espíritu Santo.

Fe no es ciegaLa fe no es ciega—es experiencial, se confirma por medio de encuentros de la vida real, y se apoya con la Escritura y los testimonios de millones de creyentes en los dos milenios de intermedio.  Aquellos que vieron con sus ojos fueron bendecidos en poder conocerlo personalmente.  Pero aquellos que creen sin ver con sus propios ojos (ejem, todos nosotros) muchas veces tienen bendiciones disponibles que los primeros creyentes aún no habían llegado a ver en plenitud.

¿Mi punto?  Bienaventurados son TODOS los que creen, desde los que vieron con sus ojos hasta los que experimentan a Dios de tantas otras manera, desde la presencia moradora del Espíritu Santo hasta creyentes cotidianos que son Sus manos y pies, desde lo asombroso de la naturaleza hasta las tradiciones pasadas a nosotros por aquellos quienes también caminaron en Su camino.  Y ¡gloria a Dios que nuestra salvación no está sujeta a algún tipo de fe ciega, sino que se puede llegar a él humildemente aceptando el amoroso perdón de Dios—algo con abundante evidencia!  ¡La fe no es ciega!

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