¿Es el alma del ser humano en parte divina?

Una nota escrita por el Dr. Jack Cottrell. Notas originales al texto han sido marcadas con obelisco (†). Notas agregadas por la traductora han sido marcadas con asteriscos (*).

 
Al preparar mi nota sobre «Eternal Hell, Immortal Soul: How Are They Related?*» me encontré motivado a preparar la siguiente nota sobre el hecho de que los seres humanos son seres creados en cada aspecto de su naturaleza. Este material es tomado de mi libro, The Faith Once for All, capítulo 6, «The Nature of Man».**

Es muy importante entender que un ser humano es enteramente una criatura; tanto cuerpo como espíritu han sido creados por Dios. La doctrina de la creación ex nihilo como tal es exclusivo a la Biblia; por lo tanto la doctrina de hombre como un ser creado es exclusivo a la Escritura también. En cada cosmovisión no bíblica por lo menos una parte del hombre es eterna. En el monismo materialista toda materia es eterna; el hombre es simplemente una etapa en la eterna evolución aleatoria de materia eterna. En monismo espiritualista (por ejemplo, Hinduismo) el cuerpo normalmente ni siquiera se le considera como real, y el espíritu es una parte de o es idéntico al espíritu divino y eterno. El dualismo pagano normalmente considera materia—y por lo tanto el cuerpo—como real pero malvado y temporario, pero considera el espíritu como eterno y muchas veces divino. En contraste a tales falsas doctrinas la Biblia afirma el pleno estado de creación del hombre. Solo Dios es eterno, inmortal y no creado (Juan 1:3; Romanos 1:25; 1 Timoteo 1:17; 6:16).

A pesar de esta clara afirmación bíblica, es común que cristianos sinceros ingenuamente supongan que el alma o el espíritu es una chispa divina o un pedacito de Dios, y de alguna manera sea inherentemente eterno e inmortal, aún divino. Alexander Campbell ha dicho, «Señor, ¿qué es el hombre? Tu propia descendencia, alzados del polvo de la tierra, inspirados con una porción de tu propio espíritu.» Así el hombre llega a tener «algo en común con Dios»; hay «una divinidad moviéndose dentro de él»*** C. C. Crawford**** ha dicho que el cuerpo del hombre «fue una creación divina; mientras que el espíritu al que le fue respirado fue un regalo divino». En Génesis 2:7 Dios le implanta un espíritu al cuerpo «agachándose y poniendo sus labios y fosas nasales a la forma inánime que había creado, y luego expulsando una porción infinitésima de su propia esencia dentro de ello». Stanley Sayers***** dice que en luz de Génesis 2:7 el alma debe sobrevivir la muerte porque «¡no puedes destruir la parte de Dios!»

Otros dentro del amplio alcance de la cristiandad dicen que el hombre no fue creado divino pero que de alguna forma llegará a ser divino como el clímax del proceso de salvación. Esta idea está al corazón de la soteriología mormona, y aparece ocasionalmente en círculos más ortodoxos. Textos tales como Filipenses 3:21 y 1 Juan 3:2, las cuales dicen que en la resurrección seremos como Cristo, se aplican incorrectamente a su naturaleza divina en vez de a su naturaleza humana glorificada. Otro texto dice que llegamos a ser «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pedro 1:4), pero esto se refiere a nuestra unidad ética con Dios, no un compartimiento en su esencia divina. En otras palabras, compartimos sus atributos comunicables, tales como santidad, amor, y paciencia (véase 1 Pedro 1:15-16).

La mera noción de que criaturas finitas pudiesen adquirir los atributos de infinidad es ilógico e imposible. Solo el Dios-Creador transcendente es y puede ser infinito. Criaturas no deben desear ni esperar “escapar” su finitud, como si esto fuera algún tipo de prisión innatural. Ni la muerte ni la salvación nos causa automáticamente asumir un atributo que le pertenece exclusivamente al Creador infinito. Cuando morimos no «entraremos a la eternidad» en el sentido que ya no estaremos limitados por tiempo, ni que «conoceremos plenamente» (véase 1 Corintios 13:12) de alguna manera llegando a ser omniscientes. Somos finitos ahora y seremos finitos por siempre.

Divinizar al hombre, sea por creación o por salvación, es una doctrina falsa muy seria. Destruye la distinción entre Dios y el hombre, entre el Creador y la criatura. Pone al hombre al mismo nivel con Dios, lo cual es la tentación más básica (Génesis 3:5). Es la cumbre de presunción y arrogancia, el epítome de orgullo pecaminoso. O desvalora a Dios o sobre-exalta al hombre. Destruye la unicidad de Cristo y su encarnación. Nada de verdadera cristiandad queda. Vean mi libro, What the Bible Says About God the Creator,****** páginas 151-154.

Decir que el espíritu o alma no es divino pero que sin embargo es inherentemente inmortal no es mucho mejor. Esta idea, también, es pagana, no bíblica. Rechaza el completo estado del hombre de ser criatura y la única eternidad de Dios. Lógicamente, hace que el hombre sea igual a Dios, porque cualquier cosa eterna es realmente divina: Dios es el «único que tiene inmortalidad» (1 Timoteo 6:16).

El concepto de inmortalidad innata ha llevado a ideas falsas sobre el castigo eterno. Algunos han dicho que Dios creó el infierno no porque su divina santidad lo demanda, sino porque las almas de los malvados son indestructibles y tienen que existir en algún lugar por la eternidad. Otros han reaccionado a este error enseñando un error aún más serio. Ellos correctamente rechazan la necesaria inmortalidad del alma, pero luego declaran que esta idea falsa fue lo que llevó a algunos en la iglesia primitiva a inventar la idea de un castigo eterno en el primer lugar, creyendo que su refutación de la doctrina del «alma inmortal» ha removido la base para ello. Ejemplos del abordaje de este tema incluyen a los testigos de Jehovah y los adventistas del séptimo día, quienes rechazan no solo la inmortalidad del alma pero su mera existencia; y escritores del movimiento de restauración tales como Curtis Dickinson, Russell Boatman y Edward Fudge.

Es verdad que porque el alma no es menos creada que el cuerpo, el ser entero es perecedero y destructible. El alma es tan capaz de ser aniquilada y regresada a no-existencia como el cuerpo, pero esto no significa que debe hacerlo. El hecho es que el alma no pasa a no-existencia en la muerte o en algún punto después, y esto es simplemente la voluntad y el plan de Dios. Aunque capaz de perecer, el alma no perece en la muerte física sino que continúa existiendo en ausencia temporaria de un cuerpo físico, ni es el alma de un pecador aniquilada con un cuerpo resucitado después de un periodo finito de castigo en el infierno. Después de la resurrección, el cuerpo y el alma reunidos existirán por siempre en el cielo o en el infierno, no por necesidad sino por la elección de Dios.

Aceptando la divinidad o la inmortalidad necesaria del alma lleva a un falso contraste entre el alma y el cuerpo, con una elevación indebida de la importancia del alma en comparación con el cuerpo. Lleva a la idea que el alma o espíritu es la única parte valerosa del hombre, la única parte real y auténtica, la única parte que cuenta. Es verdad que el alma o espíritu es relativamente más importante que el cuerpo, como es el aspecto del hombre que está en la imagen de Dios. También es verdad que este cuerpo presente está bajo una maldición de pecado y muerte, y debe ser redimido (Romanos 8:23). Pero la idea que el cuerpo es por naturaleza temporaria, un expediente desafortunado, mientras que el alma o espíritu es por naturaleza no-creado y eterno, es bastante falsa.

 
NOTAS:

* Infierno eterno, alma inmortal: ¿Cuál es su relación?

** «La fe, una vez por todos,» capitulo 6, «La naturaleza del hombre»

*** «An Address on Colleges,» (Un discurso sobre colegios) Millenial Harbinger, Febrero 1854; reimpresión de College Press, 25:63-64.

**** Survey Course in Christian Doctrine, (Curso de evalución en doctrina Cristiana) College Press, I:142-143

***** “Life After Death,” (La vida después de la muerte) Gospel Light, September 1983, p. 132

****** «Lo que dice la Biblia sobre Dios el Creador»

 

Pueden encontrar las notas originales del Dr. Jack Cottrell buscando su página en Facebook.

La versión de la Biblia usada en este artículo es la LBLA (La Biblia de las Américas), a menos de ser específicamente notado.

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