#6 La gracia vs. el galatanismo

gracia vs galatanismoUn artículo escrito por el Dr. Jack Cottrell.  Para ver el original, visiten su BLOG.

En la lección 5 dije que a muchos cristianos les falta seguridad de salvación porque no entienden cómo se relaciona la “justificación por fe” a PERMANECER salvo, una vez que uno llega a ser cristiano.  Es importante distinguir entre estas dos preguntas: (1) ¿Cómo LLEGA A SER salvo un pecador? Y (2) ¿Cómo PERMANECE salvo un cristiano?

Muchos cristianos, especialmente en el Movimiento de Restauración, saben responder a la primera pregunta; pero muchos están seriamente confundidos sobre la segunda.  Un abordaje común pero fallido a este tema muchas veces se le llama galatanismo.  Se le llama esto porque es el punto de vista falso de la salvación que Pablo está refutando en su carta a los Gálatas.  Esta perspectiva falsa—galatanismo—se resume así: un pecador llega a ser salvo por la gracia, pero permanece salvo por obras.  Un ejemplo de este punto de vista es alguien a quien muchos de nosotros admiramos por muchas razones, esto es, Alexander Campbell.  En una carta a “Paulinus” en 1827, específicamente dijo, “Los pecadores son justificados por la fe, y los cristianos por las obras.”  Explicó que, en el juicio final, la fe no se le contará a nadie por justicia; “cada cristiano será justificado por sus obras.  Ninguna otra cosa será repasada en el día del juicio” (The Christian Baptist [El Bautista Cristiano], IV:10).  Tal perspectiva, como todas las versiones de galatanismo, debe ser rechazada como una negación de la enseñanza bíblica sobre la justificación por fe, y por lo tanto como un rechazo de la gracia.  Decir que todos somos justificados por la fe no solo es un evento que ocurre una sola vez al principio de nuestra vida cristiana, sino que es un estado perpetuo que nos mantiene salvos a pesar de nuestros pecados.

Desafortunadamente, este punto de vista galatanista ha sido aceptado por muchos, especialmente en el Movimiento de Restauración.  ¿Por qué hemos sido tan vulnerables a ello?  Porque muchos de nuestras otras doctrinas favoritas—también cuestionables—contribuyen a ello.  Explicaré brevemente tres de ellas.

EL PLAN DE SALVACIÓN DE “CINCO DEDOS”

Ejercicio de 5 dedos

El Movimiento de Restauración tiene muchas versiones del “plan de salvación” de cinco puntos, algunos más galatanistas que otros.  Uno muy común es que una persona es salvo por creer, arrepentirse, confesar, ser bautizado y vivir la vida cristiana.  El problema con esto es que normalmente se representa como si estas cinco acciones son igual de significativas en “lograr” la salvación.  Por ejemplo, muchas veces los vemos ilustrados como cinco pasos iguales en una escalera subiendo a la vida eterna.

Donde nos equivocamos aquí es la implicación de que el último paso, “vivir la vida cristiana”, tiene la misma significancia para salvación que tienen los otros cuatro.  Esto simplemente no es el caso; es un ejemplo perfecto del galatanismo.  Según se presenta frecuentemente, en los primeros cuatro pasos describimos la manera de LLEGAR A SER salvo, y el quinto paso (vivir la vida cristiana) se explica como la manera de PERMANECER salvo.  Seguimos salvos, entonces, por nuestras obras.  Por lo tanto, en nuestra presentación del plan, cambiamos de “velocidad”, cambiando de la gracia a la ley después del cuarto paso; y por lo tanto, plantamos la noción de salvación por obras en el corazón de converso desde el principio de su vida cristiana.

Si todavía vamos a usar este plan de cinco pasos, el quinto paso debe ser explicado como algo calificativamente diferente de los demás.  Los pasos uno al cuatro son la esencia de obedecer el evangelio, mientras que “vivir la vida cristiana” es la esencia de obedecer nuestro código de ley (en otras palabras, es “obras de ley”).  Aún debemos enfatizar la fe, el arrepentimiento, la confesión y el bautismo como evangelio o mandamientos de gracia, y como las condiciones bíblicas para llegar a ser salvo (justificado y nacido de nuevo).  Pero debemos enfatizar que mantener la fe, el arrepentimiento y la confesión son las condiciones continuas para permanecer salvo.  Debemos dejar claro que vivir la vida cristiana es el resultado esperado y consistente de estas cosas (según Romanos 6).

BAUTISMO PARA EL PERDÓN DE PECADOS PASADOS SOLAMENTE

Otra doctrina falsa que le abre la puerta al galatanismo es una muy antigua, habiendo surgido en el segundo siglo A.D.  Es la creencia que el bautismo sí trae perdón de pecados, pero SOLO de los pecados que uno ha cometido hasta ese punto.  Este es un serio error, y lleva a todo tipo de intento orientado hacia las obras para lidiar con los pecados cometidos después del momento de bautismo.

El abordaje más temprano (a fines del segundo siglo) fue que simplemente NO hay perdón por pecados post-bautismales.  Al principio del tercer siglo, algunos (por ejemplo, Tertulio) empezaron a enseñar que Dios aceptará un episodio más de arrepentimiento, pero debe ser una muestra sensacional.  A fin de cuentas, la Iglesia Católica Romana, aun pensando que solo los pecados pasados son perdonados en el bautismo, creó el sacramento de la penitencia (hoy llamado reconciliación) como la manera de lidiar con pecados post-bautismales.

Este concepto no ha muerto.  La idea de que en el bautismo uno solo recibe perdón por pecados previamente cometidos sigue presente, especialmente en el Movimiento de Restauración.  Un testimonio reciente en una de nuestras revistas cristianas, por un hermano fiel a la Restauración, dijo, “Cuando acepté y obedecí a Cristo, fue salvado de mis pecados pasados.”  Mi trasfondo de granjero me ha llevado a llamarle a esto el “bautismo zambullido de oveja”.  Para los que no son granjeros, podemos llamarlo “bautismo de lavado de automóvil”.  Toda la tierra del pasado se ha lavado.  ¿Ahora qué hacemos si es que (o más bien, cuando) pecamos de nuevo?  Tratando de responder a esa pregunta casi siempre lleva a algún tipo de galatanismo.  (Véase el siguiente punto.)

Podemos evitar este problema viendo que el bautismo es para el perdón de pecados, y punto.  En el bautismo, entramos a una relación salvadora con Jesucristo.  Esta relación nos mantiene en un estado perdonado.  En el bautismo, somos cubiertos con el manto de la justicia de Cristo (Isaías 61: 10), lo cual cubre nuestros trapos de inmundicia (Isaías 64:6).  Aunque seguimos siendo pecadores, somos pecadores perdonados.

UN ENTENDIMIENTO INCORRECTO DE 1 JUAN 1:9

En el Movimiento de Restauración, uno de los tropiezos más comunes para la seguridad, y una causa común del galatanismo, es un entendimiento incorrecto de 1 Juan 1:9, lo cual dice, “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad (iniquidad).”  Asumiendo que el bautismo es para perdón de pecados del pasado solamente, muchos han tomado este versículo como la clave para obtener perdón por pecados cometidos después del bautismo.

El resultado es una mini-penitencia ritualizada.  Va algo así: después del borrón y cuenta nueva en el bautismo, se asume que cada vez que pecamos literalmente caemos de la gracia y perdemos nuestra salvación.  La única manera de ser perdonados por ese pecado y nuevamente ser salvos es por arrepentirlos y confesar ese pecado específico y orar por perdón de él.  Y así una persona está atrapada en una puerta giratoria, un ciclo sin fin de salvo/pecar/perdido/confesión/salvo/pecar/perdido/confesión/salvo, etc.  Esto causa que una persona viva en temor de que él o ella morirá mientras están en la fase “perdida” del ciclo.  Esto claramente es un ejemplo de “permanecer salvo por obras”.

El error aquí es no entender lo que significa ser justificado por fe, aparte de obras de ley (Romanos 3:28).  Significa que permanecemos bajo la sangre perdonadora de Cristo al continuar nuestra confianza en sus obras redentora, no por qué tan bien mantenemos nuestro código de ley (pecando o no).  Portamos su justicia para cubrir nuestra injusticia.  Vivimos en un estado perdonado (justificado), siempre que estemos sinceramente confiando en Jesús como nuestro Salvador.

Así que, ¿qué significa 1 Juan 1:9?  No está hablando de la confesión específica de pecados específicos como condición del perdón de esos pecados.  El contexto (vv. 8, 10) muestra que Juan está diciendo que debemos tener una comprensión constante y una confesión continua DE QUE somos pecadores.  Nunca debemos llegar al punto en el que pensamos que ya no somos pecadores, como el fariseo en la parábola de Jesús (Lucas 18:9-14).  Debemos ser como el recaudador de impuestos, que no confesó ningún pecado específico, sino que simplemente reconoció QUE era pecador en necesidad de la misericordia de Dios.  Este es el hombre que regresó a casa perdonado, dice Jesús.

(La confesión de pecados específicos es parte del proceso de santificación, pero no es una condición de justificación.)

En conclusión, debemos ver que continuamente confiar en la sangre de Jesús es PONER la carga de nuestro pecado y nuestra culpabilidad sobre él, como dicen muchos de nuestros himnos antiguos, “Y confiado sé que para siempre en él, paz eterna mi alma gozará”.  Este es un descanso de la preocupación, no solo un descanso del trabajo (véase Romanos 6:1 y siguiente; Gálatas 5:6; Santiago 2:18 y siguiente).  Cuando estamos bajo la sangre de Cristo, no solo son nuestros pecados que son perdonados, sino que NOSOTROS MISMOS somos PERSONAS PERDONADAS.

La seguridad de salvación depende de ser libre de la CULPA del pecado, aunque no estemos libres todavía del pecado en sí.  Queremos ser, y algún día seremos, libres de ambos; pero mientras estamos trabajando en el pecado, Dios ya nos ha quitado la culpa y el castigo por medio de la sangre de Jesús.  Todavía no somos 100% buenos, pero somos 100% perdonados.  Éste último es la base de nuestra seguridad.

Parte 5: Salvados por la fe, la clave para seguridad de salvación

Parte 7: ¿Justificados por la fe, pero juzgados por obras?

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