#7 Justificados por la fe, ¿pero juzgados por obras?

Justificados por la feUn artículo escrito por el Dr. Jack Cottrell.  Para ver el original, visiten su BLOG.

Hemos enfatizado, tal como lo hace Pablo, que los pecadores son justificados por la fe, aparte de las obras de la ley (Romanso 3:28; 5:1).  Pero el hecho es que muchos textos bíblicos específicamente dicen, o por lo menos implican, que todos, en alguna forma, seremos JUZGADOS POR OBRAS.  Véase, por ejemplo, 2 Crónicas 6:30; Job 34:11; Proverbios 24:12; Eclesiastés 12:13-14; Jeremías 32:19, Ezequiel 33:20; Mateo 12:37; 25:31 y siguiente; Hechos 10:34-35; Romanos 14:12; 1 Corintios 3:13; Efesios 6:8; Colosenses 3:25; Santiago 2:18-26; Apocalipsis 2:23; 20:12-13.

En adición a estos, aquí hay algunos que citaré: Salmo 62:12, “Y Tuya es, oh Señor, la misericordia, Pues Tú pagas al hombre conforme a sus obras”.  Mateo 16:27, en su segunda venida Jesús “entonces recompensará a cada uno según su conducta”.    Romanos 2:6, Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras”.  2 Corintios 5:10, “Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo”.  1 Pedro 1:17, Dios “imparcialmente juzga según la obra de cada uno”.  Apocalipsis 22:12, “Por tanto, Yo vengo pronto, y Mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra”.

¿Cómo podemos reconciliar la enseñanza que somos justificados por la fe y no por obras, con este abundante testimonio que seremos juzgados por obras?

RESPUESTAS FALSAS A ESTA PREGUNTA

Una respuesta falsa a la pregunta es que cuando Pablo habla de ser justificado por la fe y no por obras, por “obras” se refiere a la Ley de Moisés solamente.  Sin embargo, esto no puede ser el caso, ya que el uso que Pablo le da a la palabra “ley” en el pasaje crucial de Romanos 1-5 no está limitado a la Ley Mosáica.  Aquí habla de la ley según se aplica a los gentiles (por ejemplo, 1:18-32; 2:14-15), y según se aplica a Abrahan (por ejemplo, 4:1-5).  Las “obras de ley” que no justifican (Romanos 3:20, 28) incluyen las respuestas de todos a cualquier código de ley bajo el cual él o ella podrá estar.

Otra respuesta falsa es la idea de que la fe que justifica en realidad INCLUYE obras como parte de su definición.  Las obras solo son parte de la fe; por lo tanto, ser juzgado por obras ES ser juzgado por la fe.  Esta declaración, sin embargo, simplemente no es verdad.  Está basada en una suposición errónea referente a las definiciones léxicas, esto es, que si las palabras para fe (por ejemplo, pistis), según algunos (pero no todos) los léxicos griegos, a veces significa “obras”, entonces donde sea que se utilicen estas palabras, siempre deben incluir la connotación de obras.  Esta simplemente no es la manera en la que funcionan los léxico y definiciones léxicas.

Otra respuesta falsa es el galatanismo hablado en la lección 6 anteriormente, que en realidad sí somos justificados por la fe inicialmente (en la conversión); pero una vez que llegamos a ser cristianos, permanecemos justificados por obras y al final somos juzgados solamente por nuestras obras.  Ya hemos visto, sin embargo, que este punto de vista es contrario a la esencia misma de la justificación por la fe.

ENTONCES, ¿CÓMO PODEMOS EXPLICAR LOS TEXTOS QUE DICEN “JUZGADOS POR OBRAS”?

Definitivamente hay algunos sentidos válidos en los cuales son juzgados por obras los seres humanos, aunque nuestros destinos sean determinados por nuestra relación de fe con Jesucristo.  Aquí resumiré algunos de ellos.

Primero, en el Antiguo Testamento, a veces el juicio del cual hablan los escritores no es un juicio eterno, sino un juicio terrenal, por ejemplo, premiar a Israel por permanecer fiel al pacto, o verter ira sobre los enemigos de Israel (por ejemplo, 2 Crónicas 6:28-31; Isaías 59:18).

Segundo, en el juicio final, una examinación de obras es necesaria para determinar el GRADO de premios para los creyentes individuales.  Parece que hay grados de castigo para los perdidos (Mateo 10:15; 11:22-24; Lucas 10:12; 12:47-48; 20:47; Juan 19:11).  De la misma manera la cantidad y calidad de obras del creyente determinarán el grado de sus premios (por ejemplo, Mateo 5:19; 18:4; Lucas 19:12-19; Santiago 3:1).  Esto es especialmente evidente en 1 Corintios 3:12-15, lo cual dice el fuego de juicio “probará la calidad de la obra de cada uno”.  Algunos creyentes serán premiados, y otros no.  Esto también parece ser el punto de 2 Corintios 5:10, lo cual dice que cada creyente será recompensado por las obras hechas en esta vida, buenas y malas.

Una tercera manera en la que las obras entran al juicio final es que serán citadas como EVIDENCIA de la presencia de la fe.  La justificación verdaderamente es por fe, pero la fe que justifica es una que OBRA (Romanos 1:5; Santiago 2:14-26).  Obras, por lo tanto, demuestran el estado del corazón, de la misma forma en que un árbol es conocido por su fruto (Mateo 12:33).  El fruto no determina el tipo de árbol, pero sí lo demuestra.  De la misma manera, nuestras obras son la evidencia de la presencia de la fe: Juan 15:1-8; Gálatas 5:6; Efesios 2:10; 1 Tesalonicenses 1:3, Santiago 2:17-18.

Uno puede preguntarse por qué es necesario analizar las obras de cualquier individuo en el proceso del juicio, como que el Dios omnisciente ya sabe quién verdaderamente tiene fe y quién no la tiene.  En realidad, esto es verdad; Dios mismo no necesita repasar nuestras obras para saber si está presente la fe.  Pero el punto del repaso no es para Dios, sino para otros.  El punto del juicio por obras de demostrar ante todos que el juicio de Dios es imparcial, que no hace “acepción de personas” (Hechos 10:34-25; Romanos 2:11; Efesios 6:8-9; Colosenses 3:25; 1 Pedro 1:17).  El juicio según las obras, por lo tanto, demuestra a todos los observadores que el juicio de Dios está completamente de acuerdo con Su palabra, y que no está mostrando favoritismo o parcialidad.

Finalmente, el juicio según las obras solo es una parte del juicio final.  De hecho, es un proceso preliminar, y por sí solo no lleva a un resultado final.  Es inmediatamente seguido por una segunda etapa de juicio, la cual es el factor que decide dónde pasaremos la eternidad cada uno de nosotros.  Vemos esto en Apocalipsis 20:11-15, lo cual muestra dos etapas del juicio.

Primero se abren los LIBROS, y cada persona es juzgada “por lo que estaba escrito en los libros (rollos), según sus obras (v. 12).  Estos “libros” son los libros de la LEY de Dios (los códigos de ley por las cuales todos serán juzgados), o los libres que han grabado todas nuestras obras.  La implicación es que NADIE es considerado digno del cielo basado en lo que está escrito en los libros, plural.  Pero la decisión final aún falta por hacerse.

La fase segunda y final del juicio entonces está grabada en el versículo 15: “Y el que no se encontraba inscrito en el Libro de la Vida fue arrojado al lago de fuego”.  ¿Qué nos dice esto?  Nos dice que nuestro destino final no es determinado por lo que está escrito en los LIBROS, de los cuales se juzgan nuestras obras.  Sino más bien, nuestro destino final es determinado por el hecho que esté escrito nuestro nombre en el LIBRO, el libro de la vida, “el Libro de la Vida del Cordero que fue inmolado” (Apocalipsis 13:8).  Solo los que están confiando en la sangre de Jesús pasarán esta prueba final, y solo porque están confiando en Jesús.

Solo los que están confiando en la sangre de Jesús pasarán esta prueba final, y solo porque están confiando en Jesús.

Si sabemos, entrando al juicio, que somos salvos (y este es el punto de la seguridad), y si Dios sabe, entrando al juicio, quién es salvo y quién no, ¿cuál es el punto de que todos nosotros, especialmente los creyentes, pasen por este incómodo (como mínimo) juicio de obras, y aún nuestras obras pecaminosas, según los libros?  Aquí hay una sugerencia.  Como resultado de esta plena divulgación y recordatorio de nuestras obras a la entrada del cielo, se nos hará perfectamente claro que la ÚNICA razón por la que somos salvos por la eternidad es por la gracia y misericordia infinita de Dios.  La misericordia de Dios, por lo tanto, es glorificada y entramos al cielo con corazones que rebosan de humidad, gratitud y alabanza al Redentor.

Parte 6: La gracia vs. el galatanismo

Parte 8: Salvados por la fe, salvados en el bautismo

Categorías: Etiquetas: , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s