#10 Salvados por gracia, para buenas obras

Salvadospor graciaUn artículo escrito por el Dr. Jack Cottrell.  Para leer el artículo original, visitar su BLOG.

Me gusta resumir la salvación usando Efesios 2:8-10 y Colosenses 2:12, así: somos salvados POR GRACIA, POR MEDIO DE LA FE, EN EL BAUTISMO, PARA BUENAS OBRAS.  Aquí estamos examinando la última frase, “para buenas obras” (Efesios 2:10).  Buenas obras simplemente son nuestras obediencia diaria a la ley de Dios, en otras palabras, siendo santos como Dios es santo, obedeciendo nuestro código de ley, viviendo la vida cristiana, siendo buenos.

¿Cómo encajan las obrase (ser bueno) en el cuadro de la salvación?  Fuera del cristianismo, y aún para muchos dentro de ello, la perspectiva general es que somos salvados POR obras.  (Pablo escribió Romanos 1-5 para combatir este punto de vista.)  Por otra parte, muchos dentro del cristianismo se han ido al otro extremo y han concluido que, como somos justificados por la fe, no necesitamos hacer buenas obras.  Y así somos salvados DE obras.  (Pablo escribió Romanos 6 para combatir este punto de vista.)

El punto de vista bíblico es diferente de ambos de estos extremos.  Como dice Efesios 2:10, hemos sido salvados PARA buenas obras.  Entender la diferencia entre POR OBRAS y PARA OBRAS puede hacer toda la diferencia en el mundo para la vida y esperanza del cristiano.  Ser justificado por la fe no se deshace de las obras, sino que nos causa verlos de una manera totalmente diferente.  Nos permite decir las siguientes tres cosas sobre las obras.

UNO: La palabra de LIBERACIÓN: “Yo PUEDO hacer buenas obras—por causa de la gracia.”

Hasta que una persona es salva, él o ella no puede hacer buenas obras.  La segunda parte de la “doble maldición” es que el pecado corrompe nuestros corazones con una enfermedad espiritual, aun muerte espiritual (Jeremías 17:9; Efesios 2:1, 5).  Esto no necesariamente se aplica a obediencia externa, sino al estado de nuestros corazones: actitudes, motivos, metas.

Pero la gracia cambia esto.  Como nuestra “doble cura”, no solo resuelve nuestro problema legal de culpabilidad y castigo, sino también nos da una nueva naturaleza que está en el proceso de ser sanado de esta enfermedad del pecado.  Se nos ha dado un corazón nuevo y un espíritu nuevo (Ezequiel 36:26); somos nuevas criaturas (2 Corintios 5:17); “porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras” (Efesios 2:10).  “Hechura suya” es la obra de regeneración y santificación, lograda principalmente por medio de la morada interna del Espíritu Santo.

¡Es por causa de la obra del Espíritu dentro de nosotros que PODEMOS obedecer!  Es “por el Espíritu Santo” que podemos poner a la muerte el pecado en nuestros cuerpos (Romanos 8:13).  Dios nos fortalece con poder por medio de su Espíritu obrando en nuestras almas (Efesios 3:16).  Nos ocupamos en la parte de la salvación que es la santificación por medio del Espíritu de Dios, quien está obrando dentro de nosotros, ayudándonos a querer hacer el bien y de en realidad hacerlo (Filipenses 2:12-13).

¿Por qué siguen teniendo problemas con el pecado tantos cristianos?  ¡Porque todavía no han aprendido a usar el poder del Espíritu Santo en sus vidas!  ¡Esto es una tragedia, como lo sería si Clark Kent decidiera vivir su vida entera sin saber que es Superman!  No seas así: di, “¡YO PUEDO HACER BUENAS OBRAS, porque la gracia de Dios está obrando dentro de mí!”

DOS: La palabra de OBLIGACIÓN:  “DEBERÍA hacer buenas obras—por causa de la creación.”

Algunos piensan que la gracia significa que los mandamientos de Dios ya no tienen autoridad sobre nosotros, ¡y que en realidad no TENEMOS QUE obedecer su ley!  A fin de cuentas, ¡no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia!  ¿No dice eso Pablo en Romanos 6:14-15?  Pues, sí, pero ese es un serio malentendido de ese texto.  Pablo prosigue a demostrar en los versículos que siguen que aún como cristianos, somos esclavos a Dios y que por lo tanto estamos 100% obligados a obedecer cada mandamiento del código de ley que se aplica a nosotros en la era del Nuevo Testamento.

Pablo no entra más al tema aquí en Romanos 6, pero la base máxima para esta obligación es el hecho de la creación.  Todo—incluyéndonos a nosotros como personas—es la posesión de Dios porque Él es el Creador (Salmo 24:1-2).  Le debemos a Dios la deuda de obediencia simplemente porque Él es el Creador.  La gracia no cambia esto.

Así que ¿qué quiere decir Romanos 6:14-15?  Quiere decir que no estamos bajo el SISTEMA DE LA LEY como una FORMA DE SALVACIÓN.  Somos libres del requerimiento de obediencia perfecta como una manera de entrar al cielo.  Pero NO somos libres de nuestro código de ley como una FORMA DE VIDA, como un código de conducta vinculante.  Seguimos estando absolutamente obligados a obedecer todos los mandamientos de Dios que regulan nuestra vida diaria.  La libertad de la ley NO ES libertad de la obediencia.  ¿Es esto legalismo?  ¡NO!  Como dijo Edward Fudge, el legalismo DEPENDE de la ley (depende de tu obediencia para salvarte).  Pero estamos hablando de MANTENER la ley, lo cual simplemente significa santidad.  Jesús no es tan solo nuestro Salvador; también es nuestro Señor.

Así que—“¿DEBO ser bueno?”  ¡SÍ!  “Pero, ¿tengo que ser bueno para poder entrar al cielo?”  ¡NO!  “Así que, ¿por qué debe importarme ser bueno?”  Primero, porque es lo correcto, totalmente aparte de considerar el cielo o el infierno.  Pero hay mucho más que esto; hay otra palabra que debemos decir sobre las buenas obras:

TRES:  La palabra MOTIVACIÓN: “Haré buenas obras—por amor.”

“Está bien, puedo hacer buenas obras.  Y bien, debo hacer buenas obras.  Pero, ¿las haré?”  ¡Por supuesto que sí las harás!  ¿Cómo no podrías?  ¡Eres cristiano!  ¡Crees en Jesús!  Y LA FE OBRA (Gálatas 5:6); está en su misma naturaleza.  De hecho, la fe verdadera no solo trabaja—¡trabaja duro!  Trabaja y labora.

Como el inglés*, el griego tiene dos palabras para “obrar”.  Uno es el trabajo ordinario (ergon; verbo ergazomai); el otro es LABOR (kopos; kopaiō).  Ambas palabras se usan para la vida cristiana; véase 1 Corintios 15:58, lo cual dice que abundamos en la OBRA del Señor, ya que nuestra LABOR no es en vano en Él.  Sí, estamos dispuestos a trabajar y obrar por nuestro Señor.  Como dice el viejo himno, “Trabajad, Trabajad”, “¡Trabajad! ¡Trabajad! Esperad y velad, confiad, siempre orad, porque el Maestro pronto volverá.”

Pero la pregunta aquí es, ¿qué motiva al cristiano a trabajar tan duro en luchar contra el pecado y ser bueno?  Aquellos quienes solo piensan en términos de ley dirán, trabajamos con tal de escapar del infierno e ir al cielo.  Bien, tal vez antes pensábamos así, pero la gracia cambia esta motivación.  Recuerda: la salvación por gracia es un regalo gratuito (Romanos 6:23; Efesios 2:8-9), y no podemos trabajar por un regalo (Romanos 4:4).  Además, no hay infierno para aquellos quienes están en Jesús (Romanos 8:1).  Así que, ¿POR QUÉ trabajamos para nuestro Señor?  POR AMOR—amor agradecido.  Jesús dice que si lo amamos, guardamos sus mandamientos (Juan 14:15).  Pablo afirma que la fe obra a través del amor (Gálatas 5:6); nuestra vida cristiana es una “labor de amor” (1 Tesalonisenses 1:3).  Véase 1 Juan 4:18-19: entre más amemos, menos obramos por temor.

La gracia no cambia nuestra obligación (por qué DEBERÍAMOS obedecer), pero sí cambia nuestra motivación (por que SÍ obedecemos).

La gracia no cambia nuestra obligación (por qué DEBERÍAMOS obedecer), pero sí cambia nuestra motivación (por que SÍ obedecemos).  No obedecemos con tal DE SER salvados, sino porque SOMOS salvos.  No somos salvados POR obras, sino PARA obras.  La obediencia no es una cosa de “tengo que hacer”, sino una cosa que “puedo hacer”.  Nuestras buenas obras no son ofrendas de pecado; son ofrendas de agradecimiento.  “Cristo lo pagó”—no solo un pago inicial.  “Todo debo a Él”—como deuda de gratitud.

Muchos predicadores piensan que si no conectan las obras con la salvación, que los cristianos ignorarán sus responsabilidades morales y sus deberes eclesiásticas.  Pero necesitamos recordar que no hay motivo más fuerte que el amor.  Un papá arriesgará todo y entrará a un edificio que se está quemando para salvar a un hijo.  Una novia hará su mejor esfuerzo por verse hermosa para su novio.  Cuando amas a alguien, no puedes hacer suficiente para esa persona; esa es la esencia misma de agap.  El otro lado de esa moneda es que preferirías hacer cualquier cosa en el mundo que no sea herir al que amas.  Y necesitamos recordar: el pecado es una herida en el corazón de Dios.  El amor y el pecado no se mezclan.  Necesitamos enseñarle a nuestra gente cómo amar a Dios.

También necesitamos recordar que somos justificados por la sangre de Cristo; esto significa que nuestros pecados e imperfecciones están cubiertas por su sangre (Romanos 3:28; 4:6-8).  Confiamos en su muerte expiatoria para hacernos llegar al cielo, y no confiamos en el récord de nuestras obras.  Dejemos de enfocarnos y preocuparnos sobre si estamos perdonados (porque sí lo estamos), y concentrémonos en nuestra santificación.  Concentrémonos en complacer a Dios a través de buenas obras, en luchar por ser santos como Dios es santo—porque AMAMOS A DIOS.

Se reduce a esto: las buenas obras son el resultado, no la causa, de nuestra salvación.  Y: Dios no nos salva porque somos buenos, sino que somos buenos porque Dios nos está salvando.

*Nota de la traductora:  En español existen más de dos palabras.

Parte 9: ¿Es el bautismo una obra?

Parte 11: ¿Más allá del deber?

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