Los deplorables y irredimibles

Los deplorables e irredimiblesUn artículo escrito por John H. Smith.

Fue al medio día cuando sucedió en Sicar de Samaria.  Dos personas singularmente únicas y diferentes se juntarían en el Pozo de Jacob.  El Hombre era absolutamente adorable.  La mujer era absolutamente deplorable.  Ella era la mujer escarlata de Samaria.  Debió haber sido un récord, habiéndose casado cinco veces, y vivir con un hombre que no era su esposo.  Verdaderamente estaba viviendo al fondo del canasto de deplorables.  Este hombre puro y santo, Jesucristo, le contó sobre el agua viva.  Miró más allá de sus fallas y vio su necesidad.  Supo que ella no era irredimible.  Antes de que terminara todo, ella se había convertido en una testigo dinámica de Jesucristo.  La misma historia puede repetirse una y otra vez en la Escritura.  Pensamos en la mujer atrapada en adulterio, Zaqueo, el ladrón en la cruz, Saulo de Tarso, y por supuesto, Pablo nos incluyó a todos nosotros cuando dijo, “pues todos han pecado y no alcanzan la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  La palabra “deplorable” significa lamentable, malo o miserable.  “Irredimible” es alguien que está más allá de la redención.  Las palabras tienen significado.  Palabras buenas y grandiosas pueden levantar, animar e influenciar a personas para buenos resultados. Recordamos de la historia cómo la elocuencia de Winston Churchill sostuvo a su país en tiempos peligrosos.  Malas palabras pueden vaciar, desanimar y derrotar.  La Escritura nos enseña que seremos juzgados por nuestras palabras (Mateo 12:36, 37).  Estas palabras, “deplorable e irredimible”, fueron usadas en la campaña política reciente, y algunos expertos han dicho que fueron factores contribuyentes en decidir la elección.  A decir verdad, la canasta de deplorables siempre está llena hasta rebosar.  Cada demócrata, republicano, independiente y persona pasa tiempo en esa canasta.  La mayoría de las personas vivirán y morirán en esa canasta.  Muchos están contentos de permanecer en esta condición deplorable.  Podemos alabar a Dios, sin embargo, por Su maravilloso amor y gracia.  ¡Nadie es irredimible!  Dios nos ama a todos y quiere que todos sigan Sus direcciones hacia el Cielo.  Envió a su Hijo para ser nuestro Redentor.  Por Su gracia y por medio de nuestra fe y obediencia, nos levanta de esa canasta y todos nosotros los deplorables podemos llegar a ser dínamos en Su reino.  “Fui ciego, más hoy veo yo.”  No nos aferremos a las fallas del pasado de alguien que Dios ya ha perdonado.  Un mal pasado no necesariamente quiere decir que continuará así del otro lado de la redención.  Saulo de Tarso tenía un pecado deplorable, y su conversión se topó con verdadero escepticismo por parte de algunos cristianos en Jerusalén.  Requirió del apoyo de Bernabé convencer a aquellos cristianos que Saulo verdaderamente estaba entre los redimidos.  Que aquellos de nosotros que hemos encontrado redención pasemos nuestros días ayudando a los deplorables a encontrar la manera de salir de esa canasta condenada.  No fue hace tanto tiempo que nosotros también estuvimos ahí.  A de cuentas que, estar parado sobre la Roca es mejor que vivir y morir dentro de una canasta.

Categorías: Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s