¿Cómo sé que soy llamado al ministerio?

¿Cómo sé quesoy llamado alMINISTERIO_Un artículo escrito por el Dr. Jack Cottrell.  Para leer el artículo original, visite su BLOG.

PREGUNTA: Un amigo mío dice que se siente “llamado” al ministerio.  ¿Qué significa esto?  ¿Cómo puede uno saber si él o ella es “llamado” o “llamada”?

RESPUESTA: Hay considerable confusión sobre este tema.  Una razón es que en realidad no hay una enseñanza bíblica clara sobre ello.  La enseñanza que mejor parece dirigirse a la pregunta es el material sobre lo que llamamos “dones espirituales”.  Por ejemplo, “Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros” (Efesios 4:11).  El “dador” en este versículo en realidad es Jesús; pero lo que se dice queda paralelo a los pasajes sobre los “dones” en 1 Corintios 12, donde se nombra al Espíritu Santo como la fuente directa de los dones (por ejemplo, versículo 7-11).

Una cosa que queda claro de esta enseñanza es que el “don” o “llamado” a alguna forma específica de ministerio viene del Espíritu en el contexto de la iglesia.  El no lograr entender cómo funciona esto es la fuente principal de la confusión mencionada arriba.  Por ejemplo, muchos asumen que la misma presencia de cierto talento o habilidad innata constituye un don espiritual o un llamado a usar ese don en ministerio.  Este error es común en conexión con el sujeto del rol de géneros en la iglesia.  Muchas mujeres (apoyadas por muchos hombres) creen que su habilidad innata de ser buenas predicadoras o maestras es, en sí, un llamado al ministerio de predicación.  Esto simplemente no es verdad.  Habilidades innatas o naturales son dones providenciales, no dones espirituales o dones del Espíritu.

Otro abordaje falso es de igualar un deseo o sentimiento innato con un “llamado” a entrar al ministerio.  Una persona puede, por medio del estudio de la Escritura y oración, llegar a la sincera convicción de ser un predicador o ministro de jóvenes, o algo similar.  Esto es laudable, pero en sí no constituye un verdadero llamado o don espiritual.  El problema más grande con cualquier sentimiento subjetivo es su ambigüedad, tanto en referencia a su origen como su significado.

Mi conclusión es que un verdadero llamado al ministerio siempre involucra un elemento objetivo.  El llamado viene desde afuera de nosotros.  Esto se aplica también al concepto de dones espirituales; los dones que se nos otorgan y que son identificados desde afuera de nosotros.  He hablado de esto en mi libro sobre el Espíritu Santo, Power from on High: What the Bible Says About the Holy Spirit [Poder desde lo alto: Lo que la Biblia dice sobre el Espíritu Santo] (College Press, 2007, páginas 425-427).  Lo que sigue es de ese libro.

La pregunta es esta: ¿cómo otorga el Espíritu Santo un trabajo o ministerio sobre alguien?  Cuando uso este lenguaje, me refiero al hecho de que el Espíritu nos llama a cumplir un cierto ministerio.  Por lo tanto, creo que podemos decir que el Espíritu le otorga un ministerio a un individuo llamándole a ese trabajo.  Cuando el Espíritu da un llamado, este es el don espiritual de uno.

¿Cómo llama el Espíritu a alguien al ministerio?  Como ya se ha notado, yo repudio todo concepto místico o subjetivo del llamado.  Creo que el llamado del Espíritu es objetivo, y que será directo o indirecto.  También sugiero que tal llamado es una parte esencial de un don espiritual.  En otras palabra, un don espiritual consiste de tres cosas: (1) llamado, (2) ministerio y (3) habilidad.

La distinción entre un llamado directo y uno indirecto es muy importante.  En los tiempos bíblico, cuando Dios habló directamente con individuos como Moisés y Samuel, y cuando Jesús como Dios el Hijo habló directamente con sus seguidores, llamados directos fueron dados a individuos elegidos.  Dios llamó a Moisés por medio de discurso directo (Éxodo 3:4), y por medio de Moisés llamó a los supervisores del proyecto del tabernáculo: “Mira, he llamado por nombre a Bezaleel . . . Mira, yo mismo he nombrado con él a Aholiab” (Éxodo 31:2, 6).  Doce hombres fueron llamados directamente por Jesús al rol de apóstol (por ejemplo, Mateo 4:18-21; 9:9).  Cualquier habilidad natural (providencial) que tenían estos hombres, no fueron apóstoles hasta que Jesús les llamó a este ministerio.  Saulo de Tarso fue un hombre de considerable talento y educación, pero no fue un apóstol hasta que Jesús le llamó (Hechos 26:12-18).  Saulo y Bernabé fueron directamente llamados por el Espíritu Santo al rol de evangelistas (misioneros) en Hechos 13:1-4.

¿Pero qué de hoy, cuando las manifestaciones milagrosas han cesado, y Dios ya no nos habla directamente?  ¿Cómo llama el Espíritu a individuos a roles específicos hoy, y así otorgándoles dones espirituales?  No hace esto directamente, sino indirectamente, por medio de la iglesia y sus líderes.  En Números 11, son elegidos 70 ancianos para asistir a Moisés en su trabajo de guiar a la nación israelita, y fueron empoderados por el Espíritu con la habilidad de hacerlo (versículo 17).  Pero, a la dirección de Dios, fue Moisés quien llamó a estos hombres a tomar este trabajo (versículo 16, 24).  En Hechos 6:1-6, los apóstoles instruyeron a la iglesia en Jerusalén a llamar a 7 hombres a un ministerio de benevolencia, por cual llamado el Espíritu les otorgó a estos hombres los dones espirituales de ayuda (1 Corintios 12:28) y servicio (Romanos 12:7).

Timoteo fue llamado al ministerio de evangelista por Pablo mismo (Hechos 16:1-3; 2 Timoteo 4:5), junto con ancianos quienes impusieron manos sobre él (1 Timoteo 4:14).  Los ancianos mismos son apuntados por el Espíritu Santo (Hechos 20:28), pero solo indirectamente, por medio de el llamado de otros líderes de la iglesia (Hechos 14:23; Tito 1:5).  A veces el llamado viene de la iglesia colectivamente, en la selección de varias personas o varias formas de servicio (Hechos 6:3; 15:22).

Cuando la iglesia hoy, sea colectivamente o por medio de sus líderes, participa en el otorgamiento de dones espirituales, llamando o apuntando a alguien al servicio, esto siempre debe suceder de acuerdo con las instrucciones y calificaciones presentadas en la Palabra de Dios.  Normalmente incluido en las calificaciones, por supuesto, sería la presencia de ciertas habilidades, talentos o inclinaciones innatas (véase 1 Timoteo 3:1-13).  Pero debemos recordar esto: la posesión de habilidad no es igual a poseer un don del Espíritu Santo.  Hasta una persona “dotada” debe ser llamado al ministerio, y entonces sólo de acuerdo con ciertas limitaciones o calificaciones limitadas dadas en la Escritura (por ejemplo, 1 Timoteo 2:12).

No debemos pensar que estamos siendo presuntuosos o que estamos usurpando el rol del Espíritu cuando nos damos cuenta de que nosotros somos los instrumentos humanos por el cual el Espíritu Santo otorga sus dones espirituales sobre personas.  La experiencia Pentecostal en Hechos 2, y la experiencia de Cornelio en Hechos 10 son únicos en esta manera; solo en estas dos ocasiones llegó el Espíritu Santo directamente sobre aquellos dotados con lenguas.  Según el Nuevo Testamento, en cada otra ocasión en la que el Espíritu Santo cae sobres alguien en el la era del Nuevo Testamento, lo hace por medio de intermedios humanos.  Los dones espirituales milagrosos (excepto Pentecostés y Cornelio) fueron otorgados por medio de la imposición de manos de los apóstoles.  Aún la morada del Espíritu viene por ser bautizado por otra persona.  Así que cuando decimos que los dones del Espíritu hoy vienen por medio de un llamado por la iglesia y sus líderes, simplemente estamos siendo consistentes con este patrón.

El punto principal es que, en esta era de la iglesia, nadie puede decir, “He sido llamado al ministerio” hasta que los líderes de la iglesia (normalmente los ancianos en una congregación local, por medio de ordenación) han evaluado esa persona a la luz de la Escritura y objetivamente han presentado ese llamado.

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