El anciano: los deberes del oficio

Foto por Jeremy Doorten
Foto por Jeremy Doorten

Un artículo escrito por J. W. McGarvey. Notas agregadas por la traductora han sido marcadas con asteriscos (*).

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 4: DEBERES DEL OFICIO

El título de un oficio muchas veces se deriva de algún deber característico perteneciente a él. Así que el título presidente se deriva del acto de presidir; secretario del acto de escribir; auditor (oyente) del acto de escuchar reportes de contabilidad. En tales casos, la información derivada del título generalmente es poca. Sin embargo, en algunas instancias, oficios recién creados adoptan títulos de oficios previamente en existencia que son parecidos a ellos; y en tales instancias los títulos conllevan toda la significación, a excepción de las modificaciones creadas por la naturaleza del nuevo oficio. Así, el término presidente, que al principio significaba uno que preside sobre una asamblea e impone orden en sus procedimientos, al ser transferido al jefe magistrado de los Estados Unidos, conllevaba la parte principal de su significado previo. Ahora, sucede que todos los títulos por el cual el anciano de una iglesia es conocido fueron adoptados de oficios previamente en existencia, y traían consigo a la nueva aplicación mucho del significado previo. Ese significado nos ayudará, por lo tanto, a obtener una idea general de los deberes del oficio, y de mejor apreciar las declaraciones más específicas de los apóstoles (que serán considerados después).

El título anciano, que es el que con más frecuencia usaron los apóstoles y que aún es el más popular de estos títulos, obtuvo un significado oficial entre los judíos muy antes de ser adoptado a la iglesia cristiana. Originalmente designaba a hombres de edad mayor o cabezas de familia que ejercían un gobierno patriarcal sobre su posteridad: véase Éxodo 4:29; 19:7. En los días de Cristo, se había convertido en el título de los gobernantes de las sinagogas judías, y una de las clases de las que se componía de Sanedrín. Información confiable en referencia a las funciones del oficio entre los judíos es poca; pero suficiente para justificar la afirmación que los que disfrutaban del título ejercían autoridad en alguna capacidad. Así que, cuando fue adoptado a la iglesia cristiana, trajo con él por lo menos esta idea general, que aquellos a quienes se les aplicaba eran gobernantes de la iglesia. La naturaleza exacta y los límites de su autoridad no podría, por supuesto, designar.

El término epsicopos* trajo consigo un significado más definido, y presenta más información definitiva en referencia a los deberes del oficio. Entre los atenienses era el título de «magisterios enviados a ciudades tributarias, para organizar y gobernarlas». (Véase Robinson’s N. T. Lexicon, y referencias ahí dadas.) Entre los judíos realmente tenía esa variedad de aplicación que el término supervisor ahora tiene en español. Se usa en el Septuaginto para los oficiales designados por Josías para supervisar a los trabajadores que reparaban el templo, 2 Crónicas 34:12, 17; para los supervisores de los trabajadores empleados para reconstruir Jerusalén tras el cautiverio, Nehemías 11:5, 14; para los supervisores de los levitas obrando en Jerusalén, Nehemías 11:22; para los supervisores de los cantantes en la adoración en el templo, Nehemías 12:42; y para los gobernantes civiles subordinados, Jos. Ant. 10. 4. 2.** En todas estas instancias designa personas que supervisan a otros para el propósito de dirigir sus labores y asegurar un rendimiento fiel de los trabajos asignados.

Cuando se aplicaba tal palabra a una clase de oficiales en la iglesia cristiana, necesariamente conllevaba el significado ya conectado a él. Indicaba, tanto a judíos como a griegos, que las personas presentadas habían sido designadas para supervisar los asuntos de la iglesia, para dirigir las actividades de los miembros, para ver que todo lo que se hacía fuera hecho y que fuera hecho por la persona indicada, al momento indicado, de la forma correcta. Cualquier cosa menor a esto sería insuficiente para justificar el título de supervisor de la manera en que se empleaba en ese tiempo. Los detalles del proceso por el cual todo esto llegaba a suceder aparecerán conforme avanzamos.

El título pastor es aún más significante que cualquiera de los otros dos. El pastor judío era, a la vez, el gobernante, guía, protector y compañero de su rebaño. Muchas veces, como los pastores a los cuales el ángel anunció las buenas nuevas de gran gozo, dormía en el suelo al lado de sus ovejas en la noche. A veces, cuando lobos se acercaban para desgarrar y esparcir el rebaño, su valentía era probada, Juan 10:12; y aún el león y el oso en edades tempranas se levantaban en contra del valiente defensor de las ovejas, 1 Samuel 17:34-36. Él no los empujaba hacia el agua ni a pastos, sino que les llamaba a sus ovejas por nombre, tan familiar estaba con cada uno de ellos, y les guiaba, iba por delante de ellos y las ovejas le seguían, pues conocían su voz, Juan 10:3-4.

Una relación tan autoritaria y a la vez tan tierna como esta no fallaba en encontrar un lugar en la poesía de los profetas hebreos y las parábolas del Hijo de Dios. El ojo poético de David detecta el parecido entre el cuidado que un pastor le brinda a su rebaño y el cuidado de Dios por Israel, y de forma más bella da expresión a ello en las líneas conocidas en toda casa, y admiradas en toda tierra:

Foto por Elly Kelner
Foto por Elly Kelner

«El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará.
En lugares de verdes pastos me hace descansar;
junto a aguas de reposo me conduce.
El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre.
Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno,
porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.» Salmo 23:1-4

La misma bella imagen la usa Isaías cuando, con ojo profético, ve al gran rey persa juntando a las ovejas esparcidas de Israel en la Babilonia distante, enviándolas de vuelta de su largo cautiverio. Exclama, a nombre del Señor, «El que dice de Ciro: “El es mi pastor, y él cumplirá todos mis deseos”, y dice de Jerusalén: “Será reedificada”, y al templo: “Serán echados tus cimientos.”» Isaías 44:28. Pero canta una nota aún más melodiosa con el mismo tema cuando prevé la vida y las labores del Hijo de Dios y exclama, «Como pastor apacentará su rebaño, en su brazo recogerá los corderos, y en su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas.» Isaías 40:11. El Salvador mismo hace eco de este sentimiento y dice, «Yo soy el buen pastor.» «Conozco mis ovejas y las mías me conocen.» «Doy mi vida por las ovejas.» Juan 10:14-15. Aun el menos-poético Pablo es tocado por la bella metáfora y hace una oración al «Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno.» Hebreos 13:20. Mientras que Pedro le dice a sus hermanos, «Pues vosotros andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas.» 1 Pedro 2:25.

Una palabra tan altamente exaltada por las plumas de profetas y aún por los labios de Jesús casi parece demasiado sagrado como para representar la relación y las responsabilidades un labrador falto de inspiración en la causa de Dios. Pero aún antes de que la iglesia existiera, este término había sido consagrado a este uso, y era un favorito entre los profetas para designar a los líderes religiosos de Israel. Jeremías pronuncia aflicción sobre los pastores de su día que destruyeron y dispersaron a Israel, y predice el tiempo en que Dios traería las ovejas de vuelta al rebaño y ponerles pastores que serían pastores reales a ellos. Jeremías 23:1-4. La conexión muestra que la predicción se refiere a la era cristiana. Ezequiel habla en el mismo tema, y en pensamientos casi idénticos a los de Jeremías, excepto que en contraste con los pastores infieles de su era, dice: «Entonces pondré sobre ellas un solo pastor que las apacentará, mi siervo David; él las apacentará y será su pastor.» Ezequiel 34:23.

Su historia siendo tal, la palabra pastor entró a la terminología de la iglesia con un significado secundario claramente definido. Al ser aplicado a un título en la iglesia, necesariamente representa su sujeto como el gobernante, guía, protector y compañero de los miembros de la iglesia. Cuando Pablo y Pedro, por lo tanto, exhortaron a los ancianos a ser pastores para el rebaño de Dios, todas estas relaciones importantes y tiernas fueron indicadas por esa palabra.

Ya hemos tomado nota sobre esa concepción general de los deberes asignados a la ancianía, que se deriva del título aplicado al oficio. En confirmación de las conclusiones derivadas de esta palabra y la de supervisor, todas éstas se imponen sobre el anciano por expreso mandamiento.

En dos pasajes distintos que ya hemos mencionado (Hechos 20:28; 1 Pedro 5:2), a los ancianos se les exhorta ser pastores de la iglesia. Esta exhortación, o diré mandamiento apostólico, ha fallado en hacer su debida impresión sobre el lector de habla inglés, por causa de la traducción muy mala de poimaino en la versión King James. Ocurre once veces, y siete veces es traducida alimentar y cuatro veces gobernar. En conexión con la obra de la iglesia es traducida uniformemente alimentar. Sin duda los traductores intentaban con esta traducción el hacer de su versión algo inteligible para sus lectores de poca educación en Inglaterra y Escocia, donde poco se conoce sobre el trabajo de un pastor excepto el alimentar a las ovejas a través de los largos inviernos. Pero este intento a su adaptación ha llevado a un serio malentendido pues, hasta hoy día, y en América tanto como en Gran Bretaña, el término alimentar en estos pasajes ha sido entendido por las multitudes como una metáfora para enseñanza pública, y la obra en su totalidad que aquí se impone se supone que deber ser lograda cuando una prédica adecuada se le entrega a los santos el día del Señor. Tantos ancianos se han imaginado que la parte principal de su trabajo se logra cuando ha reunido el rebaño una vez a la semana, o puede aún que sea una vez al mes, y les da su porción regular de comida, cuando la comida entregada no es nada mejor que cáscaras vacías. Y muchos evangelistas, incorrectamente llamándose pastor, han labrado bajo el mismo error. Que sea notado, pues, y jamás olvidado, que el término utilizado en estos pasajes expresaba la obra entera de un pastor del cual alimentar rara la vez era una parte en el país de donde este uso del término originó. Los pastores de Judea y los de Asia Menor, soltaban sus ovejas al pasto a través del año entero. Su deber era guiarlos de lugar en lugar, protegerlos de animales salvajes y prevenir que se alejaran; pero no era alimentarlos.

El apóstol Pablo nos deja sin duda alguna de su propio uso del término en cuestión, pues después del mandamiento general de «pastorear a la iglesia», procede a distribuir la idea agregando estas palabras, «Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán el rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas.» Hechos 20:28-31. Aquí, continuando la metáfora del rebaño, da aviso a los pastores en contra de lobos voraces, que no son nada más que maestros de error quienes llegarían a Éfeso del extranjero, por ejemplo, como los que ya habían infestado las iglesias en Gálatas; y les manda a estar alertas. También predice que hombres de entre su propio número, como carneros revoltosos, se pararían y hablarían cosas perversas, buscando llevar consigo discípulos. Los pastores estaban ahí para vigilar en contra de éstos también, y tan pronto como se precavían de síntomas internos de tales movimientos, debían «amonestar a cada uno», «de día y de noche», tal como lo había hecho Pablo.

Así que aquí hay dos especificaciones bajo la idea genérica de actuar como pastor y son estrictamente análogas a la obra del pastor literal. Llega a ser el deber de la ancianía, primeramente, el proteger a la congregación en contra de maestros falsos de afuera; segundo, el cuidadosamente guardarla en contra de la influencia de cismáticos en la congregación; tercero, el mantenerse alerta, por dentro y por fuera, como un pastor vigilando su rebaño de día y de noche, con tal de estar siempre preparado para actuar a la primera señal de peligro en cualquier dirección.

El primero de estos deberes nuevamente es enfatizado en la epístola a Tito, donde Pablo requiere que los ancianos sean capaces de, por medio de enseñanzas sanas, tanto exhortar como condenar a los antagonistas. Y agrega: «Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engañadores, especialmente los de la circuncisión, a quienes es preciso tapar la boca» Tito 1:9-11. El deber de vigilancia se menciona de nuevo, y de manera que muestra impresionantemente su suma importancia. Pablo dice, «Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta» Hebreos 13:17. Parece, basado en estas palabras, que el objetivo de la vigilancia obligatoria no sólo es para bloquear enseñanzas falsas y suprimir divisiones que surgen, sino para hacer esto a fin de salvar almas para que no se pierdan. Ese tesoro inestimable por el cual Jesús dio su vida está en peligro, y los ancianos de cada iglesia, como los pastores de cada rebaño, deben dar cuenta al dueño del rebaño por cada alma que se pierde. El trabajo de Jacob, de lo cual hablaba cuando le dijo a Labán, «No te traía lo despedazado por las fieras; yo cargaba con la pérdida. Tú lo demandabas de mi mano, tanto lo robado de día como lo robado de noche»,*** es un verdadero símbolo del trabajo asignado a los pastores de la Iglesia de Dios. Bien pueden exclamar, «Y para estas cosas ¿quién está capacitado?»****

El deber de tomar supervisión se les impone a los ancianos en términos claros, y la expresión se usa como equivalente de tomar el rol de pastor. Pedro dice, «pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él» 1 Pedro 5:2. El pensamiento esencial en supervisión, el de gobernar, frecuentemente es mandado. Pablo le dice a Timoteo, «Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor», 1 Timoteo 5:17. La palabra que aquí se traduce gobiernan en griego es proisteemi, cuyo significado etimológico es parar o colocar un objeto en frente de otro. Pero el hecho de que gobernadores se paran ante sus súbditos, con los ojos de los segundos mirando al primero para dirección, llevó al uso establecido de este término en el sentido de gobernar. Así se define en los léxicos, y así se utiliza tanto en griego clásico como helénico. Expresa la autoridad de un padre sobre su familia, 1 Timoteo 3:4-5, 12; de un deputado sobre un distrito, 1 Macabeo 5:15 (sic.); de un rey sobre sus súbditos, Jos Ant. 8:1, 2, 3,** y de los ancianos sobre la iglesia, 1 Timoteo 5:17; 1 Tesalonisenses 5:12; Romanos 12:5-8. Con el uso de otra palabra griega, Pablo expresa en la epístola a los hebreos la misma idea general de gobernar. Dice: «Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe» (13:7), «Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta» (13:17), y de nuevo, «Saludad a todos vuestros pastores y a todos los santos» (13:24). El término que aquí se emplea, heegeomai, principalmente significa guiar. Cuando se aplica a la mente, significa pensar o suponer, porque esta acción mental guía a uno a una conclusión. Véase Hechos 26:2; Filipenses 2:3-6; et al. Pero el gerundio de este verbo llegó a ser usado en el sentido de un gobernante, porque un gobernante es aquel que guía. A veces hasta significa un líder en el sentido de un hombre principal, como cuando a Silas y a Judas se les llama «hombres prominentes entre los hermanos» Hechos 15:22. Cuando se expresa la idea de gobernar, el hecho es indicado en el contexto: e.g. Faraón a José «lo puso como gobernador (heegoumenon) sobre Egipto» (Hechos 7:10), donde la expresión «sobre Egipto» indica la relación de autoridad. Así que, en el segundo de los tres ejemplos que hemos hablado, los términos obedeced y sujetaos muestran que la relación de autoridad está siendo expresado y que la traducción del gerundio debe ser gobernadores o «aquellos que han gobernado».

Otro deber de la ancianía, distinta de lo mencionado previamente, es el de enseñanza. Por un error ya mencionado, muchos suponen que este deber es la obra principal indicada por el término pastor. Pero el único lugar donde el segundo término ocurre en la versión común en su sentido apropiado, se hace diferencia entre pastores y maestros. «Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros». La distinción evidentemente hecha aquí entre pastores y maestros no necesariamente implica que siempre son personas diferentes; pues al igual que una persona puede ser un profeta y un evangelista, por la misma razón, así puede que sea tanto un pastor como un maestro. Mas la distinción nos muestra que uno puede que sea un maestro y no un pastor. Sin embargo, viendo otros pasajes sabemos que todos los pastores, más allá de los que implica su título, también son maestros. Hablando de sus calificaciones, Pablo dice que deben ser «apto para enseñar», 1 Timoteo 3:2; y que deben ser capaces «también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen» Tito 1:9. Que debe tener la capacidad de enseñar necesariamente implica el deber de enseñanza.
NOTAS:

* Obispo

** Flavio Josefo, en su volumen Antigüedades.

*** Génesis 31:39

**** 2 Corintios 2:16

 

 

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Para más información sobre J. W. McGarvey, visiten nuestra página BIOGRAFÍAS.

La versión de la Biblia usada en este artículo es la LBLA (La Biblia de las Américas), a menos de ser específicamente notado.

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